El centenario de Luis S. Granjel

25.08.2020 | 01:03

Vuelvo a Granjel en este aciago 2020, recordando su nacimiento en Segura, un 26 de agosto de 1920. Vasco de nacimiento y de sentimiento, nunca se apagó el amor por su tierra a pesar de que su vida estuvo anclada en Salamanca, su Universidad, su escenario diario, como lo fue el de Unamuno a quien dedicó una estupenda biografía, en 1957, luego traducida al alemán. Quizás se vio reflejado, en algunos aspectos, en el Rector vizcaino.

Y vuelvo ahora, en tiempos de incertidumbre, donde una pandemia ha descolocado tantas cosas de nuestra sociedad y de nuestra vida y, quizás, si hubiera vivido, el fundamento de su pasión y vocación por la historia de la medicina hubiera arrojado luz para entender mejor nuestra situación con claves históricas.Tantas supuestas certidumbres médicas se han desmoronado.

Reivindico más que nunca el conocimiento cabal del pasado médico que inició en la Universidad su maestro Pedro Laín, hacia 1942 y prosiguió Granjel desde 1955, en Salamanca. No hubo nuevas cátedras de Historia de la Medicina hasta 1971. Laín y Granjel han sido los dos pilares de la renovación de la Historia de la Medicina en la Universidad española, los que cambiaron de paradigma de una historia de poco o nulo rigor a una enseñanza clave en la formación del médico, aunque cueste decirlo y creerlo. La herencia que legaron, en ocasiones, ha sido desperdiciada, ambos, con pocos medios y gran talento construyeron un hermoso edificio que hoy precisa de una renovación.

El humanismo médico, la relación personal del médico con el enfermo, la razón histórica de la medicina, son más necesarias que nunca. Lo hemos visto, lo estamos viendo con el covid-19 y otras crisis sanitarias.

Gustaba Granjel recordar la frase cervantina en el Quijote acerca de la utilidad de la historia "testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir".

Desde su cátedra de Salamanca enseñó a muchas generaciones de médicos el papel fundamental del conocimiento cabal del pasado médico: función crítica, humildad en el conocimiento médico, función integradora frente a la fragmentación de las enseñanzas médicas, deshumanización frente a la alta tecnologización de la medicina, escepticismo frente a las panaceas de cada época, el factor del transcurso del tiempo para valorar la realidad médica, el antidogmatismo en medicina, del que hablaba Marañón.

La sagrada relación entre el médico y el enfermo es el pilar y la esencia de toda la medicina. Tiene Laín páginas magistrales sobre la cuestión.

Fue un gran acierto granjeliano el introducir en la Historia de la Medicina la visión del enfermo y la sociedad, recurriendo a la novela, al ensayo, al teatro, de cada siglo. Fuente inagotable de información y conocimiento para el médico, de su realidad, de su acción, observada por el que la sufre o padece. Desde el juicio crítico al laudatorio, según circunstancias y momentos.

Si el conocimiento del pasado de la medicina sirve para entender el presente y no repetir errores, podremos sacar algunas lecciones en esta pandemia que permenece.

Primero la humildad de nuestro saber y en nuestro comportamiento frente a la arrogancia de pensar que nuestra técnica lo puede todo. Segundo, la primacía de la medicina de familia, la más cercana al enfermo, frente a un hospitalocentrismo desmedido. Tercero, la seriedad y circunspencción del médico frente a los histrionimos de facultativos que vocean y ofrecen panaceas que no existen. Hay que ser muy prudentes con los medios de comunicación y evitar confundir a la sociedad. Los médicos deben transmitir a los responsables políticos sus certerzas , si las tienen, y sus incertidumbres, no deciden, ayudan e informan con veracidad.

El paso del tiempo permitirá, con perspectiva y distancia, conocer mejor la realidad que hoy nos ahoga, mientras tanto, cada uno en su papel, debe responsabilizarse de su vida y de la de los demás, huyendo de los egoísmos y pequeños, mezquinos, intereses, que los ha habido en todos los tiempos. No, no saldremos mejores, solo nos queda apelar a la ilustración, a la razón y al corazón.

El autor es profesor Titular de Historia de la Medicina UPV/EHU