Ya estamos que lo tiramos, oiga. Olvídese de eso de la crisis. Ya ha pasado. No importa nada. No, no, no haga caso a las cifras de paro, a los índices de pobreza, al número de desahucios, a las familias con personas dependientes que no llegan ni a mediados, a los jóvenes que se tienen que marchar de su casa para poder hacer un par de comidas calientes al día... que no, oiga, que es usted un triste, un gris y un cenizo. Que lo importante es bailar en un programa de televisión, poner una pancarta de tu amado líder en la sede madrileña del partido, jugar al despiste con tus afiliados y tus votantes sobre si dimites o no, pasarte las obligaciones de tu cargo por el forro aunque eso suponga duplicar gastos en seguridad, sacarte fotos que consideras divertidas para publicar en las redes haciéndote el gracioso con una invitación... políticos preocupándose de problemas de políticos. Y los medios, que en esto también llevamos lo nuestro, aplaudiendo. Llegan las navidades, así que preocúpese del atracón gastronómico, de empezar a almacenar polvorones y turrones, de ser feliz, de repetirse que lo peor ha pasado ya. Las encuestas no paran de decirlo. Después del 20 de diciembre, todo igual. Usted tranquilo. No piense por sí mismo. Si lo hace, no bailará.