No es la primera ni la segunda vez que manifiesto en estas líneas mi más absoluta admiración por el guionista del affaire Catalunya. Hace tiempo que renuncié a hacer previsiones, es casi tan difícil acertar qué ocurrirá en el próximo capítulo como que me toque el Euromillón o hacer una quiniela con qué personajes sobrevivirán al final de la saga de Juego de tronos. Ayer, nuevo episodio clave de esta historia llena de épica, drama y tragicomedia. Artur Mas -lo vuelvo a repetir, para bien o para mal su pilotaje político se debería estudiar en las facultades de Ciencias Políticas-, erigido por los suyos en reencarnación de Lluís Companys, aclamado por centenares de alcaldes independentistas bastón de mando en ristre y miles de ciudadanos al grito de in-de-pen-dèn-cia, en lo alto de la escalinata como Rocky, pero al son de Els Segadors y no de El ojo del tigre. La imagen me dejó la impresión de que la CUP ya se puede ir buscando un buen argumentario porque ayer Mas quizá vivió su Pleno de investidura. Que ya veremos, nada más imprevisible que el escenario catalán. Pero si el Gobierno de Mariano Rajoy, manu Fiscalía General del Estado, pretendió con su querella desarborlar el procés y aparcar a Mas, la fotografía de ayer no parece ayudarle demasiado. (To be continued...).