Highway to heaven. Algunos todavía recordarán aquella serie de televisión estadounidense de los 80 protagonizada por el lacrimógeno Michael Landon de La casa de la pradera en el papel de Jonathan Smith, un ángel enviado a la tierra para solucionar problemas cotidianos a los que se enfrentan los seres humanos a lo largo de su vida, como soledad, enfermedad, tristeza, discriminación, muerte, incomprensión... E irritabilidad. Cabreo. Como el que a uno le entra cada vez que toma la AP-1 hacia la que le llevan todos los carteles. Decía aquel ángel de la guarda que está en manos de uno mismo y de quienes le rodean salir adelante. Eso es porque nunca circuló por la Eibar-Vitoria. Confieso que hasta me alegré de su construcción; por fin dejaría atrás el suicida puerto de Salinas y el pesado tráfico de Arlaban. Nos la vendieron como una auténtica autopista hacia el cielo que, a día de hoy, más bien nos lleva al infierno de la desesperación porque es cara, siempre está en obras, nunca todos sus carriles abiertos, así que es como ir por carretera, pero pagando peaje de autopista y en hora punta, a la vuelta de un puente, cierra todas las cabinas de cobro salvo dos. Ya que en mi mano no está mejorar, que diría Smith, espero que lo esté en la suya.