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¿Les saldrá gratis?

no es solo cosa de la crisis, aunque bien es cierto que en tiempos de penuria las golferías de algunos duelan mucho más. Se trata de una cuestión antigua, más bien eterna, que la Humanidad no ha terminado de solucionar. Es simple: algunos creen que se merecen más que otros. Sea por linaje o, simplemente, por falta de escrúpulos, incluso por propio esfuerzo, los hay que entienden que los privilegios de los que gozan son merecidos. Ven la vida y a los demás desde arriba, desdeñan con pasmosa facilidad las desventuras de la mayoría y se limpian la conciencia determinando que hay situaciones inevitables, que los pobres son necesarios para que los ricos disfruten y que meter la mano en los dineros públicos no solo no es censurable sino que es una pequeña compensación a todos sus merecimientos no suficientemente retribuidos. Además lo hacen porque pueden, por la impunidad de la que se ha dotado el sistema para proteger a los más poderosos frente al resto. “Si los demás pudieran lo harían así que antes de que lo haga otro me lo llevo yo que soy el más listo”, piensan ratificándose en la honorabilidad de sus comportamientos. Esto es así desde que el mundo es mundo. Otra cosa es que nos resignemos y lo consintamos. También está en nuestra mano cambiar las cosas.