Con un poco de suerte, está usted de vacaciones. O lo ha estado. O lo estará. Bueno, si tiene trabajo, que esa es otra. Pero vamos a ponernos en la situación ideal. Así que estos días está aprovechando para hacer algo muy propio de estas fechas, desintoxicar la mente. Y más allá de la playa, de la montaña, del pueblo o de lo que sea, seguro que tiene un libro entre las manos. O ha acudido a un museo. O se ha topado con una obra de teatro en la calle. O ha ido a un concierto, sea en fiestas o no. De cualquier forma, ha considerado que una manifestación cultural, la que sea, le ha servido para detenerse un rato, disfrutar, sentir, reír, llorar... incluso puede que pensar en esas cosas y en unos términos que el trajín diario le impide el resto del año. Más tarde o más temprano, usted va a volver a la rutina. Se siente, pero es así. Cuando eso suceda, recordará con una sonrisa esos momentos en los que, como ser humano, pudo dedicarse tiempo a sí mismo. No se olvide de eso, pero tampoco de que el resto del año, aunque no se lo crea, puede seguir asomándose a unas páginas, a un escenario, a una pantalla de cine, a un recital, a una exposición, a... y seguir abriendo su mente y su alma. Aprenda de sí mismo. No cuesta nada y las ganancias son múltiples.