Aún sigo sobrecogido. El otro día leí una información de esas que te hacen dudar de la credibilidad de la agencia de noticias, de la veracidad de la fuente o de la inteligencia del ser humano, sin descartar una combinación de sospechas. Un telepredicador islámico turco ha asegurado en un programa de televisión que aquellos hombres que se masturben van a dejar embarazadas a sus manos en la otra vida; fue una respuesta a la pregunta de un espectador asustado por practicar el onanismo pese a estar casado. No sé por dónde empezar, y miren que ya vamos mal, porque este señor -el telepredicador, no el hombre afligido por su agitación venérea- constriñe el embarazo manual al sexo masculino, sin tener en cuenta a la mujer y sin abrir el abanico LGTB. Me miro las manos en busca de algún útero oculto entre las líneas de la palma. Nada encuentro, pero quizás la matriz se desarrolle en la otra vida, donde pueden adivinar ustedes que los embarazos manuales serán cosa común y peligrosa, abocados a cesáreas que tendrán que practicar médicos sin mácula masturbatoria. ¿Y el frontón de la otra vida? A medio gas, sin duda, ante la ausencia de zarpas vírgenes. ¿Será el embarazo considerado mal de manos? ¿Y tras el parto, nueva gestación? Lo ignoro. También el telepredicador.
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