Me tocó en aquellas autonómicas en las que Mayor Oreja y Redondo Terreros se iban a comer el mundo. Y así, aunque sólo fuera por un día, fui presidente de algo. Tuve una suerte de la leche porque las dos vocales eran más majas que las pesetas y a una de ellas, mujer además de un concejal, era la tercera vez que le tocaba lo mismo y sus consejos nos vinieron de perillas. Eso sí, la mesa tenía lo suyo. De procuradores tenía a Natalia Rojo por los socialistas, que aunque todavía no era parlamentaria, no era una desconocida. Por lo menos para mí. También estaba, por los populares, la madre de Iñaki Oyarzábal y mujer del por entonces máximo responsable del ya desaparecido organismo Cultural Álava. Representando a Euskal Herritarrok, José Enrique Bert, que era la cabeza visible en aquellos momentos de esta formación... Vamos, que yo los miraba a eso de las nueve de la mañana de aquel domingo y pensaba que ni iba a salir vivo de la Escuela de Artes y Oficios. Menos mal que nos dejaban fumar en los pasillos. No he vuelto a repetir. Ni ganas. Me estropearon una borrachera el día anterior de órdago a la grande. Así que a todos y todas a los que este domingo les toca estar en las mesas, desde aquí todo mi reconocimiento y apoyo. ¡Sólo es un día!