Manda huevos que Pablo Laso y Andrés Nocioni se hayan proclamado campeones de Europa con un club que no es el Baskonia. Los dos fueron criados y educados aquí, y fue aquí donde ambos dieron lo mejor de sí mismos antes de emigrar. Laso fue el exponente del crecimiento del club y Nocioni el de la consolidación en la élite. Sin ellos, la historia moderna del Baskonia no se habría podido escribir. Pero se han marchado y, de momento, parece que tengan las puertas cerradas para volver. Eso nos falla y de eso se aprovechan otros ahora. Y eso que la vida de Laso en el Madrid no ha sido nada fácil, cuestionado cada dos por tres. Hasta él mismo creía esa etapa acabada esta misma temporada. Pero él entrena como jugaba, o sea, tomando las decisiones que cree más convenientes en cada momento del partido. Su ascendencia sobre el juego y su determinación son absolutas, siempre lo han sido. No es tirano ni prepotente, pero sí muy firme. Escucha a sus colaboradores como atendía a sus entrenadores. Pero luego procesa la información y ejecuta sin desviarse hasta triunfar. Y qué decir del Chapu, un Valentino Rossi del basket. Cuanto más viejo, más se divierte jugando y mucho más aún ganando. Me da envidia que no los tengamos aquí, la verdad.
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