Europa ha abierto una lonja. No funciona como las lonjas normales, donde se juntan mercaderes y comerciantes para sus tratos y transacciones. Los compradores no acuden al local donde se almacena el género, ni pujan por hacerse con el mejor lote aunque haya que salirse del presupuesto, ni siquiera se preocupan por el aspecto de lo que va a llegar a sus establecimientos. La organización de la lonja corre a cargo de los prebostes de la estrellas amarillas sobre fondo azul. Todavía tienen que ponerse de acuerdo, no crean que está ya todo vendido: la lonja ha abierto, pero nada más; ni nada menos. Hay que distribuir el género entre los socios de la cuadrilla, todos con carné de la Unión Europea. Un tema de cuotas, tanto para ti, tanto para mí: repartir, a fin de cuentas. Cuarto y mitad de libios, sin discriminar intensidades de color, podrían ir hacia el Norte de Europa. Hacia el Este podrían enviarse tres toneladas de magrebíes, hombres, mujeres y niños, sin mirar mucho, que tampoco sobra el tiempo y la lonja puede acabar llenándose. El resto, a partes iguales, procurando que los más oscuros de piel se queden lo más al Sur posible para futuras expulsiones, si hiciera falta. La cuadrilla europea piensa en todo. Qué bien reparte.