siguen -seguimos- apretando a los más débiles. Los políticos de aquí disimulan estos días por aquello de las elecciones, que somos idiotas y nos vamos a creer otra vez que los impuestos bajarán, que el empleo que se está creando es de primera calidad, que los sueldos van a subir, que la crisis ya ha pasado, que los bancos son en realidad ONG que no tenían otro remedio que machacarnos por nuestro bien aunque en el fondo son muy buenos... Pero bueno, al fin y al cabo, lo que votemos es cosa nuestra y tendremos lo que nos merezcamos, seamos necios o menos bobos. Otra cosa es que entre todos -los europeos digo- asumamos que hay que aplastar a Grecia porque no paga sus deudas. Que apoquinen y que se jodan, no vaya a ser que insuflemos aire a Tsipras y así aupemos de paso a esos nuevos partidos emergentes que nos ilusionan con poner la política por encima de los intereses económicos. Que la demagogia es muy mala y luego la chusma se crece y hasta se rebela. Por supuesto, no puede ser. Ya lo tienen claro los jetas helenos esos: toca dejar de comer, de cobrar pensiones, de encender la luz y de calentarse con gas. Lo que sea con tal de que se pague el rescate a rajatabla, que una cosa es prestar y otra bien distinta ablandarse y solidarizarse con el sufrimiento ajeno.