pues sí, una campaña electoral puede llegar a resultar soporífera con el bombardeo de propaganda y propuestas bienintencionadas, aparte de la pelea de los partidos por arañar unos centímetros cuadrados de página de prensa o unos segundos en los audiovisuales. Que si los candidatos se limitan a repetir los titulares de los guiones escritos por sus asesores y a saludar amablemente a los vecinos que se topan en los mercados, algunos de ellos militantes de su propio partido. Que si todos los políticos son iguales, que si las promesas incumplidas y demás tópicos que se suelen decir. Esa monserga ya nos la sabemos y, en el fondo, suele esconder una actitud conservadora, conformista o, si me permiten, hasta derrotista. Sin embargo, unas elecciones locales dan vida a la res publica porque suponen un envite a azuzar debates, cruzar ideas, cambiar las cosas o dar voz a las visiones más heterodoxas sobre nuestra ciudad y nuestra realidad más cercana. Y esa es precisamente la intención de DNA con la potente sección especial que ofrecemos desde ayer, donde gentes de la calle como Natalia Gallego, Julio Herrero o Bittor Román, aparte de los debates que propondremos motu propio, cobran especial protagonismo. Esas son las elecciones de verdad, cantinelas aparte.