Cuando empecé a vivir en pecado -creo que se dice así- la primera parada fue la calle Laguardia cuando se estaban haciendo las obras de los viales de El Boulevard. Y había días en los que volvías a casa del trabajo (esto del periodismo es bastante nocturno) y te podías encontrar a operarios a las doce o la una de la noche con cuatro focos y dale que te pego porque había que llegar al día de inauguración marcado por algún político desde su despacho (creo que hoy es ministro) y daban igual convenios, estatutos laborales, derechos humanos o lo que fuera. La foto tenía que salir bonita y aunque hubo denuncias públicas de aquella explotación sin límites, con el asfalto ya puesto nadie se acordó. Hoy es el día en que la parte verde de aquella obra (el césped con montículos para acoger flores) es un cúmulo de tierra sin cuidar donde no florece ni la mierda, pero bueno, a nadie le importa. A los del Europa, unos cuantos años después, les ha pasado lo mismo. Ha dado igual que fuese 1 de Mayo, San Prudencio o lo que tocara. Hay que currar para que el político (que no es el mismo pero casi, aunque en estos casos suelen dar igual las siglas) sonría en la foto y eso, máxime en época electoral, está por encima de cualquier cosa. ¿Alguien hará algo para que no haya una tercera vez? No... y lo sabes.