dicen algunos expertos de la mercadotecnia electoral que para lograr muchos apoyos hay que tener pocas ideas. Y a ser posible, repetirlas muchas veces. Esta semana empieza la campaña de las elecciones locales -las que realmente interesan en una aldea y de las que se hablará en los bares, en las charcuterías y en los parques- y nuestros gobernantes parecen llegar con la lección bien aprendida. Inaugurar obras y echar a los moros que se aprovechan de nuestras ayudas, por ejemplo, son dos ideas simples que en la calle se entienden a la primera. Como lo son, en el caso de la provincia, bajar los impuestos -sin decir cuáles, cuánto y con qué contrapartidas en recortes- y quejarse por que Bilbao y esa morralla nos quita el agua del morral. Dos cantinelas que no hace falta argumentar. Vitoria y Álava, sin embargo, quizás merezcan reflexionar y debatir sobre los valores con los que queremos funcionar, hacia dónde queremos ir en los próximos cuatro años, qué proyectos podemos poner en marcha tras una legislatura gris o cómo conjugar muchas ideas en un mosaico plural y multicolor. Pero claro, esto es mucho más complejo. Es más efectivo, siguiendo los famosos 19 principios de la propaganda, gritar que vienen de fuera a robarnos.