Me voy a meter donde no me llaman y lo sé, pero no entiendo que otros no hayan abierto la boca. Con motivo de las celebraciones de San Prudencio y Nuestra Señora de Estibaliz, la Diputación ha otorgado sus medallas de oro a once clubes de fútbol no profesional que tienen más de medio siglo de historia. Hasta aquí, más o menos, estoy convencido de que todos podemos estar de acuerdo. Es imprescindible reconocer el trabajo que se hace, en general, en las distintas disciplinas deportivas en el ámbito semi-profesional y amateur no ya por la cantidad de gente implicada, que también, si no por la labor que se hace en la transmisión de determinados valores que van, en muchas ocasiones, más allá del ejercicio físico. Lo que no entiendo es que durante los últimos años, con la excusa de la crisis, la misma institución que ahora da medallas ha estado recortando hasta límites insospechados sus aportaciones económicas al deporte escolar y al no profesional. Pero no estamos hablando de porcentajes insignificantes o, en un momento dado, entendibles viendo el contexto. No, estamos hablando de hachazos en toda regla. Comprendo que los clubes reconocidos no monten un follón, pero que ni antes ni después del acto nadie le recuerde nada a la Diputación...