"pues esto se llama Monte de la Tortilla", le explicaba el viernes a un grupo de amigos -entre sí y desde ahora míos- que me invitaron a visitar la tienda de campaña que habían instalado en ese inmenso camping que se forma alrededor del ARF. "Tortilla sí, y vino. ¿Pero monte?" "Es que cuando yo venía aquí era muy pequeño y nos parecía más una expedición que una excursión". Vitoria ha crecido mucho desde entonces, como el Azkena Rock Festival en los últimos años. Quién nos iba a decir a aquellos chiquillos que la campa a la que íbamos algunos domingos se iba a convertir en el icono principal de un gran acontecimiento musical y social. Muy especial tanto por la ingente cantidad de tiendas de campaña como por el buen rollo imperante. Ni un candado, ningún miedo. Estos rockeros son buena gente.