VIVO sin vivir en mí desde que recogí la carta del buzón la semana pasada. El sobre sólo llevaba impresas las palabras "multiplica la ciudad, biderkatu zure hiria". Lo abrí, esperando ver si salían más vitorianos de dentro, por lo de la multiplicación. Sólo había un folio impreso por un lado. Pertenecía a un partido político, no importa cuál. El lema del sobre se repetía en el encabezamiento de la carta. Después, un inquietante "¡Hola, kaixo!, todo junto, reunido entre signos de exclamación, comunión de lenguas. Y lo siguiente: "Vitoria, nuestra ciudad, es el lugar donde vives, donde te reúnes con tu familia y amigos, donde creces y te desarrollas como persona. Es un lugar del mundo que habla mucho de nosotros". Encuentro ciertas inconcreciones: si es el lugar donde vivo, es el lugar donde me reúno con mi familia, de hecho lo hago todos los días; aquí no crezco, porque regresé ya crecido, y debo añadir que en realidad menguo, aunque siga desarrollándome como persona, sin saber bien qué quiere decir eso exactamente: siento que me desarrollo, sí, pero no sé en qué dirección; añado que si para el remitente Vitoria es un lugar del mundo que habla mucho de nosotros, más vale cortarle la lengua a la ciudad, no vaya a saberse por ahí fuera que hemos tirado millones de euros en auditorios que no existen o que alquilamos una plaza de toros a precio de mercadillo como si fuera un envase sólo por darle algún uso, más allá de nuestra condición de verde que te quiero verde. En fin, que para terminar piden propuestas. Tengo una: ahórrense el envío.
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