"Muchas gracias por tu apoyo. Cuídate mucho". Así se despidió de mí Manel Comas después de que le felicitara por volver a comentar partidos en la tele una vez superada su penúltima batalla contra el cáncer. No volvimos a hablar salvo algún sms suelto. Aunque sí he seguido casi día a día la evolución de su enfermedad, así como su estado de ánimo tras ser acusado de intento de abuso sexual por dos menores de Sevilla. No sé si será verdad que hace cinco años se le pasó por la mente aprovecharse de aquellas chicas aunque a priori no me cabe en la cabeza. El Manel que yo conocí durante toda su estancia en Vitoria y después era a veces fanfarrón y de carácter algo desgarrado, pero jamás le escuché un solo comentario despectivo hacia las mujeres o hacia los débiles. Ni siquiera cuando nos soltábamos la lengua tomando una cerveza en el bar de cualquiera de los hoteles a los que nos llevaba el devenir del Baskonia, a él como entrenador y a mí como periodista. Le molestaban otras cosas como la falta de compromiso de ciertos jugadores o la ineptitud de algunos directivos, no necesariamente del Baskonia. Con Manel se podía hablar horas y horas de baloncesto y de cualquier otro ámbito de la vida. Tenía algunas cosas muy claras y se mostraba muy tajante, pero en otras no era en absoluto dogmático. A pesar de su marcada personalidad, sabía escuchar. Me acuerdo, por ejemplo, de un debate a tres con Perasovic explicándole su famosa táctica del conejo. Siempre lo he considerado un gran tipo. Y me hizo sentirme su amigo, cosa que le agradezco.
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