no es la primera vez que escribo de esto y estoy casi seguro de que tampoco será la última. Me sobra el Senado, para empezar, en una época en la crisis ha convertido todo en recortable, desde los sueldos hasta la asistencia médica, pasando por las ayudas a los mayores, a los dependientes, a la educación, a los parados, al trabajo, a las familias... Todo decrece menos la corrupción, que eso engorda sin parar. ¿Les dan pena Messi, Urdangarin, su esposa Cristina, Teddy Bautista, Bárcenas, Díaz Ferrán o tantos otros? A mí no. Lejos están los tiempos en que ser poderoso o héroe otorgaba derecho a todo. Sin embargo, hay una cosa que no cambia por mucho que crezca la prima, decrezca la bolsa o se irrite Merkel. ¿Cuánta administración se ha recortado a lo largo de estos cinco años de crisis galopante, cuántos políticos menos? Alguien habló de reducir los parlamentos autonómicos, otros lanzaron la idea de suprimir las diputaciones o también se dijo que sobraban ayuntamientos. Nada, ahí siguen sus señorías aplaudiendo o abucheando a los líderes ávidos de su minuto de gloria en televisión. Y a votar cuando toca, casi todos lo mismo, salvo algunas excepciones demasiado anecdóticas y esporádicas como para ser tenidas en cuenta. Y en estas estaba yo quedándome solo con lo de cargarme el Senado cuando llegan los irlandeses y se ponen a debatirlo en serio. Para quitarlo, espero, porque se han dado cuenta de que sólo se utiliza para aparcar políticos sobrantes o pagar servicios prestados. No sirve para nada, ergo carísimo.
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