he tenido que rebuscar en la hemeroteca para confirmarme a mí misma que no lo soñé. Y no lo soñé, aunque hace poco menos de un año ya tuve esta sensación, según he podido constatar en el archivo. Hubo un tiempo de esperanza, un tiempo de flores en los cañones y de andar descalzos sobre la hierba en el que los prohombres -y alguna promujer- del mundo mundial, al parecer horrorizados ante las consecuencias sociales y económicas de los desmanes causados por la voracidad del sector financiero y empresarial, se conjuraron para refundar el capitalismo. Con majorettes y banda de música y todo. Allí estaban los Sarkozy, Obama, Merkel o Strauss-Kahn, cuando éste dirigía el FMI y aún no se conocían sus andanzas sexuales de Casanova de playa. Han pasado cinco años y, efectivamente, han refundado el capitalismo. El epítome de esta ignominia refundadora ha sido esa reunión de sabios con la que el Gobierno de Rajoy ha pretendido vestir el muñeco de la reforma de las pensiones. Empiezo a pensar que esta crisis la buscaron militantemente eso que llamamos mercados, junto al sector financiero al que rescatamos a escote, para poder continuar con el latrocinio con más libertad, quitándose de en medio al sector público competidor. Si no, no entiendo nada. Trasladen esto al tajo que pretenden perpetrar a las pensiones; incomprensible si, como asegura el Gobierno, estamos viendo ya la luz de la salida de la crisis y se pretende recuperar el consumo y, por ende, la actividad económica, el empleo y la recaudación fiscal que todo eso genera. Hasta la derrota final.