vaya por delante que me alegro por el Alavés y también por Natxo González. La continuidad del técnico vitoriano es un justo pago al éxito conseguido esta temporada con un ascenso que, seamos sinceros, pocos esperaban al comienzo de temporada. El club sale beneficiado después de muchos años de inestabilidad tanto en la gestión como en lo deportivo. Sin embargo, y a pesar de insistir en la bondad de la noticia, lo cierto es que esta renovación es bastante sorprendente por cuanto que todo apuntaba a que el futuro del entrenador estaba lejos de Mendizorroza aún después de consumarse el regreso a Segunda. Sus propias palabras y gestos después del segundo partido ante el Jaén, así como las reiteradas reservas de Josean Querejeta a apostar claramente por él, presagiaban un divorcio que podría considerarse contraproducente a primera vista, aunque comprensible debido a las tensiones vividas por el propio entrenador dentro del club a lo largo de la temporada. La tirante relación entre Natxo González y el director deportivo Javier Zubillaga -en el que Querejeta confía plenamente y al que otorga prácticamente plenos poderes dentro de la parcela deportiva- supone una rémora que puede pasar factura en el futuro sobre todo si los resultados empiezan a torcerse con el salto a la nueva categoría. Es probable que ahora se hayan fumado una pipa de la paz para mantener el exitoso tándem, pero el hacha de guerra está enterrada a escasa profundidad... todavía no es descartable que asome el filo más adelante.
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