una leyenda de Plutarco describe el barco en el que Teseo y los jóvenes atenienses regresaron desde Creta y en el largo viaje, a medida que la nave sufría desperfectos, la tripulación iba retirando tablas, mástiles o cuadernas estropeadas, reemplazándolas paulatinamente por piezas nuevas. Hasta que llegó un momento en el que la embarcación ya no conservaba ningún elemento original. Y sin embargo, seguía siendo el barco de Teseo. La paradoja, muy utilizada en filosofía para reflexionar sobre la esencia o la existencia de las cosas, es aplicable a distintas situaciones, como al Deportivo Alavés en el caso que nos trae. El Glorioso va cambiando todos sus jugadores, patrocinadores y directiva hasta el punto de que cada pocos años reemplaza completamente todos sus integrantes, salvo el espíritu de su afición. Por eso se equivocan quienes -en los últimos años, desde los cuatreros de Piterman hasta el holding Querejeta- se proponen patrimonializar el barco del Alavés, tratan de patentar sus colores o intentan comerciar con la emoción que siente un chaval al enfundarse una camiseta albiazul. Pasarán los jugadores, los técnicos y los presidentes -éstos y los que vengan-, pero la nave del Deportivo Alavés -pese al largo viaje desde el pozo de su mítica Creta pasando por tormentas, remolinos y hasta riesgo de naufragio- seguirá siendo la misma con la bandera albiazul izada y, como reza su himno, "resurge potente otra vez recordando la gloria", una letra que el pasado sábado se hizo literal.
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