baja el paro. Y Mariano Rajoy saca a pasear su versión más dicharachera y empieza a hablar de brotes verdes. "Son datos claramente esperanzadores", ha dicho. ¿Les suena? A mí sí y no me gusta un pelo. "A ver si tú vas a saber más que los números", me espeta un amigo, creo yo más por la necesidad de sentirse optimista que porque se crea realmente que estamos saliendo de esta. Y le comprendo porque son ya muchos años de crisis, de desesperanza, de ver cómo los dramas de los desahucios o los despidos nos pillan cada vez más cerca, cuando no los sufrimos en nuestras propias carnes. Necesitamos buenas noticias o, al menos, creer que llegará un momento en el que llegaremos a vislumbrar el final del túnel. Que baje algo el paro no está mal, lo reconozco, pero no significa mucho para mí salvo que esta tendencia se consolide durante, al menos, doce o trece meses consecutivos. En Álava hay 162 afortunados que han encontrado empleo durante el mes de mayo pero, a este ritmo -si se mantuviera, que es mucho esperar- las 28.161 personas que siguen sin trabajo tardarían 174 meses -¡catorce años y medio!- en aliviar su situación laboral. ¿En serio creen que se trata de brotes verdes? Hasta que los bancos no empiecen a devolver el dinero que les prestamos -nosotros se lo damos a interés cero para que ellos especulen con nuestra pasta y encima nos cobren, ya ven qué negocio- no habrá nada que hacer. Y no veo a los políticos muy activos ni concienciados en este sentido, la verdad.