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DICE Esteban González Pons: "No podemos decir que trabajar en la UE es trabajar en el extranjero". Abrumada por el ataque de europeísmo cosmopolita y ciudadano del mundo del señor Pons, me han venido a la mente -malévolas asociaciones de ideas que le entran a una- aquellas visionarias palabras del dirigente de la CEOE José Luis Feito. Allá por febrero de 2012 nos aclaraba a todos el señor Feito que es "inconcebible" que una persona en paro que está cobrando el subsidio de desempleo -para que el que por cierto ha cotizado, esto lo añado yo- rechace una oferta de trabajo "como si es en Laponia". Dado que Laponia es una región dividida entre Suecia, Finlandia, Noruega y Rusia y que los dos primeros son estados de la UE, entenderé que irse a trabajar a Laponia es trabajar en casa. Un claro ejemplo, por otra parte, de eso que la ministra Fátima Báñez denominó con tino memorable "movilidad exterior", porque más movilidad que los 4.400 kilómetros aproximadamente que separan Madrid de la Laponia finlandesa y sin salir de casa, que bajen Dios y la Virgen del Rocío y lo vean. A mí lo que más me emociona de todo es que me den lecciones de movilidad exterior trabajadores como González Pons y Bañez. El primero, lleva desde 1993 -tenía entonces 29 años- sucediendo cargos electos en Valencia y Madrid. De la segunda, nada se sabe hasta 1997, cuando con 30 años aparece como integrante del Consejo de la Radiotelevisión andaluza para encadenar cargos públicos hasta hoy. Y así, de pronto, he recordado aquello de auctoritas y potestas.