Mesa de redacción ¿Huelga?, por David Erice
vaya por delante que considero las huelgas legítimas y útiles como método de protesta cuando las violaciones de los derechos son flagrantes y gratuitas, pero no las comparto tanto cuando los ajustes o recortes se aplican en pro de la supervivencia de las empresas y, por extensión, de sus trabajadores. Por supuesto, para tener en orden las ideas son necesarias claridad y honestidad por todas las partes. Suelo preferir un mal acuerdo, pero acuerdo al fin y al cabo, que una ruptura sin marcha atrás. Las imposiciones y las traiciones son intolerables cuando están en juego el trabajo y la vida de las personas, por mucho que últimamente se estén prostituyendo las leyes en beneficio de unos pocos. Tampoco me gustan las huelgas como mero instrumento para justificar la existencia de unos sindicatos que muchas veces parecen luchar más por mantener sus propios privilegios que por el interés general de sus representados. La desunión de las diferentes centrales a la hora de convocar o dinamitar las protestas y las negociaciones es, a mi modo de ver, una prueba fehaciente de que los objetivos son más particulares que comunes. Sin embargo, y a pesar de mis reticencias, llevo tiempo interiorizando que algo hay que hacer de una puñetera vez contra un gobierno mentiroso, servil con el poderoso dinero y vil, de manera inmisericorde además, con los ciudadanos que se limitan a obedecer, a trabajar, a pagar y, en definitiva, a tratar de seguir adelante con sus vidas. No me convence la convocatoria del día 30, pero tampoco tengo claro si va quedando alguna otra alternativa que secundarla.