Cuando apenas se cumple una semana de un alto el fuego cuya fragilidad es ya su rasgo más distintivo, EE.UU. ha decidido pasar de la diplomacia de despacho al despliegue naval. Tras el estancamiento de las negociaciones de alto nivel en Pakistán, el presidente Donald Trump ordenaba a la Marina estadounidense bloquear el estratégico estrecho de Ormuz, una medida que busca asfixiar el tránsito de buques iraníes y de sus aliados, poniendo en jaque la estabilidad global.

Tras completarse el primer día del bloqueo impuesto por Washington, a través del Comando Central de EE.UU. (Centcom), se ha especificado que la operación se aplicará de manera "imparcial" contra cualquier nación que intente entrar o salir de puertos iraníes en el Golfo Arábigo o el de Omán. La advertencia de Trump ha sido todavía más cruda: ha amenazado con "eliminar de inmediato" cualquier buque iraní que desafíe el cerco militar.

Sin embargo y a pesar del despliegue, el tráfico no se ha detenido totalmente y al menos tres petroleros cruzaban el estrecho. El buque cisterna de alcance medio Peace Gulf, con bandera panameña, vinculado al transporte de nafta iraní hacia Asia, fue el último en lograr cruzar el enclave. Anteriormente, otros dos petroleros cruzaron por ese estrecho canal tras recibir autorización de EE.UU., ya que ninguno de ellos se dirigía hacia puertos iraníes. Por un lado, el buque Murlikishan, bajo bandera de Madagascar y rumbo a Irak, y por otro, el petrolero Rich Starry, con bandera de Malawi y propiedad de una empresa china ya sancionada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), logró cruzar rumbo a China tras un intento fallido en la jornada previa.

El "fiasco" de Islamabad

El detonante de esta escalada naval fue el sabor agridulce dejado por las negociaciones del pasado fin de semana en Islamabad. Aunque el vicepresidente J.D. Vance ha negado que las conversaciones fueran un "fracaso total", la realidad sobre el papel muestra otra cara.

Vance, quien contra todo pronóstico lideró la delegación apelando al lema "EE.UU. primero" para intentar cerrar un conflicto iniciado el pasado 28 de febrero, reconoció que Irán mostró flexibilidad pero "no cedió lo suficiente". Según filtraciones recogidas por The New York Times, Teherán propuso suspender su programa de enriquecimiento de uranio por cinco años, mientras que Washington exige una pausa de alrededor de veinte. Por otra parte, Irán se niega a sacar sus reservas de uranio enriquecido del país, ofreciendo como alternativa diluirlas para evitar su uso militar inmediato, una opción que EE.UU. considera reversible y de alto riesgo.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha intentado mediar en las últimas horas con llamadas directas a Trump y a su homólogo iraní, Masud Pezeshkian. Macron ha instado a "aclarar los malentendidos" y ha subrayado que el alto el fuego debe incluir también al Líbano.

Ante la toma de control unilateral de EE.UU., Francia y el Reino Unido han convocado para este viernes una reunión por videoconferencia con países "no beligerantes". El objetivo es crear una misión multilateral defensiva que restaure la libertad de navegación en Ormuz sin las condiciones y peajes que la guerra ha impuesto en las últimas semanas.

Así, mientras Vance insiste en que la pelota está en el tejado de Teherán para reabrir el estrecho, el bloqueo naval de Trump añade una capa de volatilidad a un conflicto que parece resistirse a las soluciones diplomáticas. Con el precio del crudo y la seguridad global pendientes de un hilo en Ormuz, la tregua de dos semanas parece hoy más un espejismo que un paso real hacia la paz.