Tenemos a dos viejillos de nuestro amado templo del cortado mañanero escribiendo una carta que quieren mandar a Ajuria Enea para presentar una queja formal. Ambos vinieron en tiempos de tierras extremeñas y uno de ellos todavía se acuerda de lo acojonado que se quedó el día que le pilló una primera gran nevada en esta ciudad nuestra. Pero tras el final de junio vivido y viendo lo que está pasando los últimos años, están convencidos de que la profecía de la Euskadi Tropical va camino de hacerse realidad y quieren exigir a Imanol daños y perjuicios ante el incumplimiento de la promesa de un tiempo húmedo y frío. Por lo menos, están mejor que uno de los octogenarios habituales. Con lo que estaba calentando la semana pasada, se nos presentó todos los días con la chaquetica puesta y la txapela calzada, con lo que nuestro querido escanciador de café y otras sustancias dedujo que el pobre hombre tenía tercianas. No era tal. Todavía no hemos averiguado si el abuelete en verdad sentía algo de frío o, como suele ir bastante apañado siempre, estaba en plena aplicación del antes muerta que sencilla. En todo caso, pasados los calores, el domingo se le invitó al tinto y al pintxo de mediodía en reconocimiento a su estoica presencia de esas jornadas.