Llega el verano y el momento de ilusionarse con la nueva temporada. Atrás queda el dulce recuerdo de una sufrida salvación. A la dificultad de un nuevo curso en la élite se suma la complejidad de hacerlo reconstruyendo un equipo. El Alavés esta acostumbrado a ello. La voracidad del mercado pone trabas a que clubes modestos puedan asentar sus proyectos sobre pilares firmes. La devaluación económica de La Liga facilita que desde el extranjero puedan llevarse, casi de saldo, a quienes despuntan en el campeonato español. Es frustrante que, pese a gestiones que nos presentan como más que solventes, nunca llega la ansiada holgura económica que permita al club hacerse fuerte en las negociaciones. Parecemos condenados a ser un club vendedor y, casi siempre, con rebajas de por medio. El Deportivo Alavés encara este cambio de curso con su columna vertebral con contrato en vigor y, a priori, la reconstrucción esta vez debería ser mínima. Los deberes pasan por reforzar posiciones que ya estuvieron cojas en la 2025-26 y dar salida a quien no ha estado a la altura. Pero hasta que se cierre el mercado estamos expuestos y abiertos a escuchar ofertas. Digan lo que digan, ahí están los precedentes y no recuerdo la última vez que el club se remitió a la cláusula completa de algún jugador. No nos queda otra que disfrutar de los avatares de este mercadillo veraniego. l