El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth dejó ayer en Bruselas un reproche a lo que consideró prioridades ideológicas europeas que condicionan su política de defensa. Partamos de la base de que la seguridad europea no ha sido hasta la fecha un problema estrictamente europeo y esto ha abierto la puerta a que la estrategia de esa seguridad responda también a intereses ajenos. Durante décadas, el Viejo Continente ha delegado su defensa militar en Estados Unidos y es cierto que resulta más que oportuno hacerse con sus riendas. Sin embargo, la forma en que Europa decida asumir esta responsabilidad no puede caer en la trampa contable que plantea Washington. El modelo de defensa europeo requerirá asumir con rigor sus necesidades reales y capacidades conjuntas, no una simple obligación de gasto vinculada a porcentajes del PIB. La cifra de inversión tiene que emanar de una estrategia de seguridad propia y calibrada. De lo contrario solo supondrá destinar un dinero público, indispensable para otros fines, a engordar los bolsillos del lobby de defensa, especialmente el poderoso complejo industrial-militar de Estados Unidos. Europa precisa, como ya es innegable en los ámbitos energético, de innovación tecnológica o de abastecimiento de materias primas, una verdadera autonomía estratégica para reducir su dependencia estructural. Pero el reproche del secretario de Defensa estadounidense es venenoso. Hegseth acusa a Europa de prioridades ideológicas y al describirlas supura ideología él mismo. Proyecta una visión ultraconservadora que carga frontalmente contra principios básicos de convivencia, como la igualdad de género, y contra la sostenibilidad que persiguen las políticas ambientales. Ese no es el modelo europeo. No se trata de pecar de ingenuidad ni negar las amenazas al modelo de convivencia democrática que ha defendido Europa con mayor o menor acierto. Los modelos autocráticos y belicistas son una amenaza directa, pero la ideología reaccionaria que la administración Trump pretende inyectar en la percepción política y militar europea, también. La cumbre de la OTAN en julio requerirá de Europa una postura firme en defensa de nuestros valores democráticos y sociales, porque proveer seguridad no puede pasar por renunciar a lo que somos. l
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