El alavesismo está de luto por la muerte de una de sus representantes más ilustres, Asun Gorospe. Quienes tuvieron el placer de conocerla sienten un profundo dolor, en un lamento compartido por toda la familia albiazul. No hay alavesista que no sienta que se ha ido alguien próximo. Compartir una pasión, sufrir por unos mismos colores o saber que Asun era quien engalanaba una de las terrazas más conocidas del centro de Gasteiz con los colores azul y blanco, crea unos inevitables lazos de cariño incluso entre quienes no la trataron nunca. Así se ha podido transmitir en los innumerables mensajes compartidos en redes sociales por cientos de alavesistas anónimos. Pocas cosas en la vida desatan las pasiones que despierta el fútbol ni crean sentimientos semejantes. En tiempos en los que el individualismo, la confrontación y el sálvese quién pueda parecen imponerse, la irracionalidad del fútbol se empeña en crear comunidad e ir contracorriente. El fútbol moderno intenta arrinconar al aficionado y convertirlo en mero consumidor. Algunos luchan contra ello mientras otros, sin darse cuenta o considerándolo inevitable, se dejan arrastrar por la ola del fútbol negocio. Y de repente llegan vivencias corales en un estadio o sentidos lamentos por alguien en el fondo desconocido, que te recuerdan que el fútbol es mucho más que 22 tipos corriendo detrás de una pelota.