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Mesa de Redacción

Miren Ibáñez

Atentado, verdad y mentira

Si algo debería preocuparnos del intento de atentado contra la Administración Trump en la Cena de Corresponsales es que no habían pasado ni 24 horas y las teorías de la conspiración corrían como la pólvora. Si algo debería preocuparnos es que un gobierno elegido bajo el paraguas de un sistema democrático ha acabado consiguiendo que nadie le crea, ni los adversarios ni los propios. Cierto que hablamos del país del asesinato de JFK, y pocos magnicidios habrán alcanzado el nivel de requiebros conspiranoicos y misterios sin resolver que el del tiroteo en Dallas, así que el terreno está sembrado. Pero eso no oculta la realidad del tiempo que vivimos, en el que la política ha buceado en el pozo de la mentira sin rubor como estrategia de autoimpulso o de destrucción del adversario –porque hoy al adversario hay que destruirlo, no basta con vencerle en las urnas–. Y a estas alturas de la película, con más o menos disimulo, quien más quien menos ha tenido su segundo de desconfianza: ¿realmente vimos un intento de atentado? ¿O estamos ante una operación para proteger la figura de un presidente en horas bajas? ¿Demasiado House of Cards? Donald Trump ha conseguido con su estrategia de hipersaturación fake que no creamos nada, ni siquiera lo que puede ser verdad. Es una manera de llegar a la distopía orwelliana de la mentira es verdad por un camino aún más retorcido.