Se está complicando la cena cosa mala. Es lo que pasa cuando los viejillos de nuestro amado templo del cortado mañanero tienen tiempo libre. Toca este sábado manduca nocturna en el local como calentamiento para el 28. Varios abueletes, con ganas de manosear los pelendengues del personal, han solicitado que, siguiendo la línea del partido del de Amurrio, se pida a los que quieran asistir certificado de alavesismo, no se vaya a colar algún inmigrante. Solo quieren hacer una excepción con los giputxis si son de la Real y prometen pagar una ronda al personal. Si esta última parte no se cumple, no hay trato. Aquí, entre otros muchos cismas, se ha abierto uno con el que nadie contaba. Como bien ha recordado nuestro querido escanciador de café y otras sustancias, dos de los cabecillas de la plataforma patatera nacieron hace 76 y 82 años respectivamente en tierras extremeñas, por lo que han sido repudiados por quienes hasta ahora eran sus compañeros. Claro que para seguir manteniendo la diversión, ambos han montado un grupo vegeta para impedir que haya caracoles en el menú, lo que también les ha salido mal, porque una de las tres nonagenarias que nos quedan en el bar ha decretado que los bichos comen lechuga y, por lo tanto, se puede considerar que, en realidad, vamos a cenar ensalada.
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