¿Por qué han decidido centrar la cita de este año en la inestabilidad del hombro?
La mayoría de los problemas en el campo de la Traumatología los vemos en gente mayor, como sucede con la artrosis, que es la temática que elegimos el año pasado. Sin embargo, esta es una enfermedad muy visible en gente adolescente y joven.
¿Y con qué expectativas afrontan esta edición del congreso?
Lo que queremos es que esta inestabilidad deje de tratarse de un modo invisible. Que aunemos un poco todo el conocimiento en torno a las cirugías y las novedades que han ido saliendo en los últimos años enfocadas al tratamiento.
¿Qué significa ese “modo invisible”?
El paciente muchas veces percibe la luxación como un síntoma que le genera incapacidad diaria, pero no es algo que le cause una deformidad visible o un dolor. Lo que pasa es que vive con miedo a que el hombro se le va a salir cada vez que hace una actividad deportiva o gestos banales del día a día. El problema es que, cuando se da una vez, la luxación de hombro tiene un riesgo alto de volver a producirse, hasta el punto de que actividades básicas como ponerse una chaqueta, meterse a la cama o hacer cualquier gesto producen ese miedo a la lesión y el paciente empieza a no hacer muchas cosas. Todo eso que vive el paciente en su casa, o se lo consigues preguntar o no va a acudir a consultar. Piensa que es algo normal que no tiene solución.
¿Qué prevalencia presentan las luxaciones de hombro?
Más del 50% de lo que se puede luxar en el cuerpo ocurre en el hombro. La primera causa o el primer evento suele estar muy en relación con un traumatismo en general deportivo, eso sí es verdad. ¿Quién se hace esta luxación? Gente joven que está en un momento activo deportivo. Entre los 16 y los 25 años tenemos el pico de la primera luxación. Después, una vez que se han lesionado las estructuras del hombro, empiezan a ocurrir otras luxaciones en esos gestos cotidianos. Eso es por cómo es el hombro, que tiene muchísima movilidad dentro de un encaje que es muy pequeño y depende mucho de las estructuras de la cápsula de ligamentos para que funcione bien. En cuanto rompas una de ellas en un accidente empieza esa escalera de luxaciones. Y eso es lo que quita calidad de vida. El que solo tiene una luxación, en general va a vivir bien.
Pero no es lo habitual, ¿no?
Claro, el problema es que más del 80% de las personas que hayan percibido una luxación van a tener dos o más. Y ahí es donde tenemos que estar muy pendientes de identificar al paciente para darle calidad de vida, porque deja de hacer cosas para que no se le salga la articulación. Lo suyo sería conseguir, tras una luxación, llegar a la población y trasladarle que es interesante ir al médico porque el tratamiento clásico ha sido poner un cabestrillo nada más y esperar, con la intención de que eso cicatrice. Pero ya sabemos que la tasa de cicatrización no es perfecta y, de hecho, es baja. Ahí hay que analizar el caso de cada persona entrando en la consulta y haciendo pruebas.
“Para prevenir que no haya una lesión es muy importante tener bien equilibrada la parte muscular alrededor del hombro”
¿La gestión de esas recidivas es su mayor ‘dolor de cabeza’?
Más que dolor de cabeza es un reto. Es muy bonito, porque vienen pacientes que son chavales de 20 o 22 años, que han tenido ya una media de dos o tres luxaciones y han dejado de hacer su actividad deportiva o su carrera deportiva debido a ese miedo que tienen de que se les salga el hombro. Y ahí está el reto, porque si somos capaces de identificar a ese paciente, podemos diagnosticarle y ofrecerle la técnica de cirugía que necesite, porque hay un montón pero que hay que seleccionar. El objetivo no es solo que no se le salga el hombro, sino que pueda volver a su mismo nivel, a volver a su deporte, incluso a su carrera profesional para muchos. Y eso es posible, fiable y reproducible. Pero para conseguirlo, el paciente tiene que acudir.
¿Qué puede hacer cualquier persona de la calle, que no sea deportista, en materia de prevención?
Para prevenir que no haya una lesión es muy importante tener bien equilibrada la parte muscular que hay alrededor del hombro. Es clave entender cómo los protocolos de fisioterapia o entrenamiento dirigido ayudan. Lógicamente, ante un evento traumático de alta energía, que es muy típico en las caídas de bicicleta, esquiando... poca prevención queda. Ahí se trata de intentar no caerte, pero es difícil.
¿Cómo puede ayudar la IA al tratamiento de estas lesiones?
La inteligencia artificial se ha incorporado ampliamente en el mundo de la medicina al diagnóstico. Aparte de la exploración, el diagnóstico pasa por hacer pruebas de imagen, que son múltiples y algunas de ellas generan radiación. Lo que nos permite la IA es haber optimizado el equipo de resonancia magnética para que no genere radiación y ser capaces de sacar tres tipos de imagen con una sola exploración. Eso es lo que, por ejemplo, aquí Mikel Sánchez ha peleado por tener en el Hospital MiKS. Con solo la resonancia, somos ya capaces de hacer las pruebas para valorar el hueso sin generar radiación. Por otro lado, la IA nos permite también estimar en hombros con pérdida de hueso cuánto tenían previamente para que vuelvan a ser anatómicos y no vuelvan a salirse. Además, también se usa en protocolos de fisioterapia dirigida.
Aparte, ¿qué nuevas técnicas y materiales se están ensayando en este campo?
El enfoque principal, como está sucediendo en muchas partes de otras secciones de Traumatología, es minimizar la agresividad quirúrgica. Hacer una cirugía mínimamente invasiva, que es una cosa que nos gusta a todos, pero más que al traumatólogo, al paciente, porque la recuperación es muchísimo más rápida. Gracias a ello, sobre todo, se hacen cirugías de manera artroscópica, y eso es posible gracias al estudio previo. Ahora, gastamos el tiempo antes de operar al paciente. Individualizar, diseñar un tratamiento que sea preciso, que nos permita hacer una técnica muy focalizada y muy dirigida exclusivamente a su problema, sin tener que encontrártelo dentro del quirófano, es muy importante.