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Mesa de Redacción

César Martín

Toda una vida profesional escribiendo y hablando sobre Vitoria y Álava

Descendencia

Estoy convencido. La única manera de no tener problemas de conciliación es evitar fehacientemente la maternidad-paternidad. Porque, una vez que se opta por ella, esta sociedad que nos llega impuesta se muestra inmisericorde con quien quiere ejercer ese derecho. Entiendo las buenas intenciones de quienes tienen, por ejemplo, que gestionar el dinero público y de quienes tienen que legislar sobre conciliación. Se facilitan ayudas económicas a la crianza, se establecen permisos y derechos, los discursos de la clase política se llenan de buenas palabras al respecto. Todo ello es muy bienvenido. Y, sin embargo, el formato galimatías que adquiere la vida de los trabajadores con descendencia es inevitable. Nada está ideado para poder compatibilizar las obligaciones laborales con las familiares. Ni horarios, ni calendarios, ni las mismísimas instituciones educativas. Y, si atendemos al bolsillo o a las condiciones mínimas de vida, como con el acceso a la vivienda... Apaga y vámonos. Cada día, desde que suena el despertador hasta que llega el ocaso, se convierte en la continua búsqueda de la pieza adecuada del puzzle. No me extraña que las estadísticas que hablan sobre el número de hijos sean paupérrimas, con cifras en descenso desde hace años. No hay más que ponerse en la piel de un joven que quiere ser aita o ama para comprender que es misión imposible.