Entrar estos días en nuestro amado templo del cortado mañanero se ha convertido en un deporte de riesgo. Pasado Reyes, el regalo envenenado que nos llegó está causando este año incluso más problemas que en ocasiones anteriores. Así que hay que entrar con cara de no querer pelea con nadie. Eso a pesar de que la decisión se veía venir. La cuestión es que nuestro querido escanciador de café y otras sustancias nos ha pegado una subida en todo lo que entre estas paredes se despacha. Siempre que pasa algo por el estilo, hay quejas. Hasta ahí, todo normal. Pero esta vez nuestro barman nos ha dado la noticia en dos fases. La primera, diciendo que iba a incrementar el precio de todo en 20 céntimos, lo que el día D a la hora H estuvo a punto de iniciar un conflicto bélico nunca antes conocido por la Humanidad. La segunda, un día después, que la cosa iba a quedar en 10 porque él había oído la voz del pueblo y sentía sus reivindicaciones como propias. A día de hoy no sabemos si la cosa iba de coña, si es que el buen hombre está haciendo algún curso de márketing para masocas o si esto es resultado de alguna pregunta a la dichosa inteligencia artificial, pero lo cierto es que varios viejillos han hecho un muñeco con su jeto al que van clavando alfileres cada vez que salen del bar.
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