Marchando otra de dobles varas y vigas y pajas según el ojo. Ainhoa Ozaeta, exjefa de ETA, participó el pasado viernes en unas jornadas sobre soberanía (sic) organizadas por dos grupos de la Universidad del País Vasco. De entrada, raya lo macabro que el tema de la comunicación fuera “el bienestar de los vascos”, cuando quien impartió la charla es una persona con una amplia experiencia acreditada en fomentar el malestar e, incluso, el “dejar de estar” de muchos vascos. La siguiente sonrisa acompañada de un torrente de lágrimas fluye al leer que el evento estaba vinculado a un máster para abordar “las nuevas dinámicas para construir país, el desarrollo cultural y la comunicación de las pequeñas naciones”, en el que participan, entre otros, un senador de EH Bildu y, créanselo, Joseba Permach. ¿Alguien imagina un máster sobre, pongamos, “las nuevas dinámicas para construir una gran nación española”, cuya docencia corriera a cargo de Santiago Abascal y/o Hermann Tertsch y que propusiera como ponente en un congreso a José Amedo Fouce, condenado como jefe de los GAL?

Como no hemos nacido ayer, ustedes y yo sabemos que la bronca sería interestelar. Primero, un planteamiento así jamás hubiera sido admitido ni siquiera en nombre de la cada vez más manoseada “libertad de cátedra”. Segundo, en el caso imposible de que hubiera pasado los filtros, la presencia de Amedo en un ámbito académico habría desatado todas las iras y su ponencia habría sido impedida incluso mediante violencia física. En el caso del infecto expolicía nadie invocaría, como se está haciendo con la exjefa de ETA, el sacrosanto derecho a participar en la vida civil después de haber cumplido la condena que le impuso la Justicia. Y ahí regreso al principio de estas líneas. Se sigue aplicando diferentes escalas a las mismas actitudes. Amedo y Ozaeta son dos caras de la misma moneda.