Cabeza de la Iglesia católica: Como era de prever, para muchos su presencia en Canadá se ha quedado en gracietas facilonas sobre el penacho indio que lució y, casi peor, en afearle que vaya por ahí pidiendo perdón por todo. Ocurre que, si en ocasiones una petición de perdón puede atender al postureo, esta vez procedía decir de una forma clara y en voz alta que denuncia la participación de numerosas personas de su credo en la eliminación de no menos de 6.000 niños procedentes de comunidades originarias en los denominados internados del terror. Fue una despiadada operación de limpieza étnica que duró más de un siglo y que terminó casi anteayer. La Iglesia católica siempre había guardado silencio. Ha sido muy valiente al romperlo. l
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