Beneficia a la izquierda - Contábamos aquí mismo la semana pasada que la prensa de orden estaba dividida ante la vuelta de Juan Carlos I a Sanxenxo. Y ahí siguen. Así, el día de la llegada, La Razón editorializaba bajo el encabezado Viaje inoportuno que alienta al populismo. El temor era que el salseo a cuenta del patrón del Bribón beneficie a los malos, como daba a entender el diario azulón en su titular de primera: “La izquierda se impulsa con la nueva visita de Don Juan Carlos a España. El viaje desde Dubái genera un ruido que beneficia coyunturalmente en los tracking electorales a los socios del presidente Pedro Sánchez”.

“Normalidad Institucional” - El diario monárquico por antonomasia, ABC, se desmarcó por la banda. La gran foto de primera no era del rey viejo pisando suelo gallego sino de su hijo, Felipe VI, firmando autógrafos a unos niños en Ronda. Normalidad institucional, rezaba el gran titular, que llevaba debajo la apostilla: “La discreta llegada de Don Juan Carlos a Sangenjo coincide con el baño de multitudes del Rey en su primera visita a Ronda, donde recordó que la sociedad requiere ser un ejemplo a seguir”.

“¡Quedaos, Majestad! - Lejos de esa equidistancia, Esperanza Aguirre (sí, esa Esperanza Aguirre) remata de este modo su empalagosa pieza en The Objective: “Que el protagonista máximo de la recuperación de la libertad y de impulsar la reconciliación fraterna de los españoles tenga que vivir en una especie de exilio es una vergüenza para todos. Por todo esto y sin dudar: ¡Quedaos, Majestad!”. En el mismo medio, Javier de Castillo: “Vivimos en un país donde el rey que apostó por la democracia y la defendió en momentos delicados tiene que estar callado”.

“Un preso de permiso” - Sin duda, el premio gordo de los juegos florales es para el editorialista del diario ultracatólico El Debate, que incluye en su torrencial pieza todos los comodines cavernarios: “Es indecente que se trate a Juan Carlos I como a un preso de permiso y se le obligue a visitar a España de manera casi clandestina. Es insoportable que la presencia del arquitecto de la Transición, sin el cual el salto a la democracia no hubiera sido tal vez ni tan pacífico ni tan ejemplar, genere más discusión que los indultos a los condenados del procés o el acercamiento al País Vasco de etarras crueles como Txapote”.