“Los temas serios fluyen de otra manera y llegan a más gente desde el humor”
El intérprete donostiarra vuelve a la pantalla con la cuarta entrega de 'Machos Alfa' una de las series estatales más reconocidas a nivel internacional y que triunfa de nuevo en Netflix
Netflix acaba de estrenar la cuarta temporada de Machos Alfa y Gorka Otxoa (Donostia, 1979) vuelve a dar vida a Santiago Peralta. Creada por los hermanos Alberto y Laura Caballero, la serie cuenta las andanzas de unos amigos cuarentones y su dificultad para aceptar esta nueva era de la masculinidad.
En esta cuarta entrega sus protagonistas deciden compartir piso para hacer frente a la temida crisis de los 40. Divorcios, paternidad, intentos de reinventarse como hombres modernos y situaciones tan caóticas como reconocibles. Ante el triunfo obtenido en la plataforma de streaming, la serie ha conseguido traspasar fronteras: ahora es Alemania la que se suma a Francia, Italia o Países Bajos en su adaptación.
La cuarta temporada ya está aquí. Cuando empezó, ¿imaginaba que iba a tener este recorrido?
-Un recorrido tan largo y, sobre todo, tan internacional era difícil de prever. Te voy a ser sincero: normalmente, cuando nos presentan los proyectos y los analizamos, solemos pensar que tienen ingredientes para funcionar, y muchas veces no vamos desencaminados. En este caso fue distinto. Vimos los tres primeros capítulos antes de su emisión, en un visionado con todo el equipo, y nos reímos muchísimo. El ritmo que tenía, la temática que abordaba… Todo encajaba. Yo salí de ahí pensando que, con Netflix detrás, con su potencia de marketing y su capacidad para llegar a millones de personas, prácticamente todo el mundo tiene Netflix, esto podía funcionar muy bien. Pero cuando la vi, lo tuve claro: estaba convencido de que podía petarlo. Lo que no imaginaba era que fuera a triunfar tanto a nivel mundial.
Estamos hablando de más de treinta países en los que la serie entra en el top 10 cada vez que se estrena.
-Ha llegado a muchísima gente y, además, el público es muy fiel: ves cómo se les ilumina la cara cuando nos encuentran, cómo siguen la serie con auténtica pasión. A eso se suma la capacidad que tienen los hermanos Caballero para alargar una serie sin forzarla, sin estirarla. Aquí estamos ya en la cuarta temporada y habrá una quinta. La serie sigue funcionando, sigue creciendo, y no se trata de alargar por alargar, sino de mantenerse pegados a la actualidad, algo que también es clave. Creo que esta temporada es un temporadón.
En esta ocasión se introduce la convivencia como punto de partida. ¿Qué da más juego a nivel interpretativo: el conflicto de pareja o el choque entre amigos bajo el mismo techo?
-Como aquí tenemos las dos cosas, creo que cuanto más, mejor. En esta serie pasan tantas cosas y la trama avanza tanto que nos ocurren continuamente situaciones nuevas. Esta es una etapa interesante, con estos cuatro mangarranes compartiendo piso e intentando encontrar sus momentos de intimidad entre ellos. Luego ya veremos cómo acaba todo, pero creo que ambas vertientes son muy interesantes.
La serie habla de hombres en plena revisión personal. ¿Qué le parece más difícil de ese proceso: cuestionarse uno mismo o hacerlo delante de los demás?
-El primer cambio pasa por ser uno mismo, y eso es lo más complicado: tomar conciencia y reconocer que algo no está bien encaminado, que hay cosas que hay que cambiar. Luego está el paso de exponerte, ya sea públicamente o con tu entorno, incluso llegar a enfrentarte a tus amigos o a ti mismo para corregirte. Y eso también cuesta, porque implica asumir que, de alguna manera, has estado haciendo las cosas mal. Pero yo creo que es justo lo contrario: hay que hacerlo con orgullo. Nunca hay que dejar de estar dispuesto a darse cuenta de las cosas y a hacer cambios. Sin vergüenzas, sin reparos, sin miedo a admitirlo ni ante los demás ni ante uno mismo. Al final, se trata de decir: “qué bien que me esté dando cuenta, que se me estén cayendo fichas”. Reconocer que esto está mal, que hay que cambiarlo, que es feo, que no es justo, que no es igualitario. Tomar conciencia de todo eso y asumirlo es algo muy positivo.
También se habla de hombres intentando adaptarse a una nueva masculinidad, a veces con torpeza y a veces con humor. ¿Cree que Machos Alfa ha ayudado a que ciertos temas se miren desde un lugar menos defensivo?
-Sin duda. Yo creo que, sobre todo, hay mucha gente que no ha oído hablar ni de reconstrucción, ni de masculinidad tóxica, ni de micromachismos. Para muchos, incluso el propio lenguaje resulta completamente desconocido, no lo han escuchado nunca. El hecho de que lo descubran a través de la comedia ayuda mucho. Al final, los temas serios entran mejor cuando se tratan desde el humor, fluyen de otra manera y llegan a más gente. En ese sentido, creo que la serie es muy válida y aporta un valor social importante. Además de eso, es muy entretenida: la gente se la devora rápidamente. Pero, al mismo tiempo, introduce una temática y un universo que para muchos es nuevo. Incluso para mí, que estoy algo más metido en estos temas, hay cosas que he ido descubriendo gracias a la serie. Por todo ello, creo que tiene ese valor añadido: entretiene y, a la vez, aporta una mirada y unos temas que mucha gente no conocía.
Cuando una serie funciona, también crece la presión. ¿Cómo se gestiona eso desde dentro de la grabación?
-Durante la grabación nosotros estamos allí sin más. Nos lo pasamos tan bien y nos echamos tantas risas que no sentimos ninguna presión. Llegan los guiones, nos encantan, y siempre tenemos ganas de volver a trabajar. Es un poco como cuando te gustaba el colegio, la ikastola, y estabas deseando que llegara septiembre para volver. Pues algo parecido nos pasa cada febrero o marzo, que es cuando empiezan las nuevas temporadas. Así que no, presión no sentimos; al contrario. Sentimos la suerte de formar parte de un proyecto así, que llegue a tanta gente, que guste tanto y que nosotros lo disfrutemos tanto al hacerlo. En ese sentido, lo que sentimos es algo completamente positivo.
‘Machos Alfa’, la comedia que derriba los mitos de la masculinidad
A nivel personal, ¿le ha hecho reflexionar en algo Machos Alfa que antes no se planteaba?
-Yo tengo un poco de Santi, en el sentido de que alguna vez, con mis amigos, he discutido por ciertos comentarios. Ya sabes, decir: “joder, no digas eso”, y que te respondan: “pero si estamos entre colegas”. Sí, vale, pero si mantenemos ese lenguaje al final pasa lo que pasa. En ese sentido, tengo un poco de mi personaje. Aun así, cada temporada aprendo cosas. Desde nuevas maneras de vivir las relaciones o de afrontar la paternidad, hasta realidades que desconocía por completo. En esta temporada, por ejemplo, aparece el tema de la copaternidad, un mundo que no conocía. También se entra en el universo de los incel, con personajes que se meten en uno de estos grupos. Yo no era consciente de lo oscuro, turbio y peligroso que puede llegar a ser ese entorno. Y luego hay otras cosas más curiosas o incluso más cómicas, como clubes de heterosexuales que quedan para masturbarse. La verdad es que, gracias a la serie, no he dejado de descubrir cosas nuevas.
Ya hemos comentado que la serie está siendo un éxito que traspasa fronteras. ¿Cómo se vive que una historia tan local conecte con públicos tan distintos y tan lejanos?
-Ese es otro de los grandes méritos de la serie. Muchas veces se dice que la comedia no viaja, que es muy local, mientras que el drama o el thriller funcionan mejor a nivel internacional. Esta serie ha demostrado justo lo contrario. Cuando una comedia está bien escrita, bien interpretada y bien hecha, y además habla de temas universales, puede conectar con todo el mundo. Y eso es exactamente lo que ocurre aquí. Los temas que plantea la serie resuenan en culturas y países muy distintos. De repente te encuentras con que llega a más de treinta países, desde Indonesia o Filipinas, y no solo a Latinoamérica, donde el idioma facilita las cosas, o a Europa, donde compartimos más referencias culturales. También ha funcionado en países africanos, en lugares que, a priori, podrían parecer muy alejados de nuestro contexto. Es algo curioso y muy enriquecedor, y demuestra que una comedia bien hecha sí viaja, y además da la vuelta al mundo de distintas formas.
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