Asier Etxenike y Cristina Riega, que el pasado martes pusieron voz y rostro a Salburuko Harrera Sarea en su presentación pública, analizan más al detalle la situación del colectivo al que ayudan a sostenerse desde hace meses en Gasteiz.
¿Cómo están los ánimos entre las personas a las que están ayudando?
Cristina Riega: Es una situación muy drenante, tanto física como moralmente. No conseguir la primera cita que necesitan para iniciar el proceso de asilo es algo que les baja el ánimo completamente. Entonces, lo que hacen es buscar el máximo de recursos posibles, llamar a sus redes de apoyo, conseguir esa cita como sea. Si no es aquí, en otras ciudades. Para ellos no está la opción de sentarse, parar y recapacitar. Aparte, que eso es algo muy difícil de hacer estando 24 horas a la intemperie. Una de las ventajas o de las cosas positivas que tienen los recursos habitacionales que hemos conseguido, tanto las dos parroquias como el auzo elkarte, es que a partir de las 8.00 de la tarde sí pueden sentarse y estar en un espacio en silencio, no enfrente de la carretera con un ruido constante. Y es un momento para ellos de tranquilidad en el que pueden respirar. Pero yo siempre digo que en un proceso migrante itinerante muchas veces no hay opción para el desánimo. Ellos siempre tiran para adelante.
Desde que cambió el sistema a ‘on line’, ¿alguno de ellos ha podido conseguir cita en Vitoria?
Asier Etxenike: Sí que consiguen a base de empeño y mantenerse todas las semanas aquí para cuando salgan citas. Y también sabemos que con este nuevo sistema las van buscando en otras provincias y se mueven, van y vienen. Muchos están aquí porque en su momento escucharían que había más opciones o lo que fuera, pero les da igual, lo que quieren es la cita para poder hacer el trámite y empezar el proceso de asilo. Entonces van buscando en diferentes sitios on line, aunque físicamente estén aquí. A algunos que no tenían ningún tipo de recurso económico les hemos pagado los billetes tanto de bus como de tren para que puedan trasladarse a otra ciudad y presentarse a esa cita.
“Todas las noches hemos tenido en las parroquias y el ‘auzo elkarte’ entre 40 y 50 personas sin fallar. Y fijas no ha habido ninguna”
A día de hoy están dando cobijo a alrededor de 50 personas, pero hablan de alrededor de 1.000 atendidas en todo este tiempo.
A.E: Sí, al final es un número a vuela pluma, pero desde febrero que empezamos dando este cobijo, todas las noches hemos tenido entre 40 y 50 personas sin fallar, muchas veces incluso más. Y fijos no ha habido ninguno en estos cuatro meses. Los que más puedan llevar aquí igual es un grupo de 10 o 20, pero el resto va cambiando. Algunos porque consiguen cita y ya se marchan, otros porque ven que no la pueden conseguir y se van a otro sitio, a ver si ahí pueden tener más facilidad, pero muchos de ellos no pasan más de dos semanas aquí.
¿El flujo ahora está creciendo, bajando o se mantiene estable?
C.R.: Es muy variante. Es muy complicado medir un flujo migratorio. Antes de Semana Santa sí que tuvimos 50 personas, por ejemplo. Semana Santa fue un periodo complicado porque todo estaba un poco en stand-by y hasta que fueron pasando los días y se reactivó un poco todo el número no bajó. Hay momentos en los que hay picos, pero es impredecible.
Han alertado de que la situación de estas personas se puede agravar de forma inminente si no se da ya una respuesta estructural y coordinada desde el punto de vista habitacional.
C.R.: Tener el recurso habitacional de las dos parroquias –San Joaquín y Santa Ana en Salburua y Las Nieves de Aranbizkarra, que suman 21 plazas– ha sido un trabajo de negociaciones de semanas en un contexto de urgencia climática. Con muchísimo esfuerzo fuimos un grupo a hacer ese trabajo mano a mano con los párrocos, respondieron estas dos parroquias y solo tenemos palabras de agradecimiento por habernos dado una respuesta tan inmediata.
¿Pero estos recursos se pueden perder en las próximas semanas?
A.E.: Estamos en negociaciones con ellos, pero a día de hoy es una opción, desde luego.
C.R.: Como he dicho, hay que agradecerles el esfuerzo que están poniendo. Porque no podemos poner en las parroquias la responsabilidad de la acogida de estas personas. Desde luego, es imposible.
“A las instituciones les pediría sentarnos y, sobre todo, que pongan fechas, plazos y compromisos reales para estas personas”
¿Qué les pedirían a las instituciones responsables de dar una respuesta a estas personas?
C.R.: En primera instancia, les pediría compartir diagnóstico entre todas las partes implicadas. Sentarnos y, sobre todo, que pongan fechas, plazos y compromisos reales de proyectos para estas personas. Llevamos muchísimos meses con las mismas demandas varios colectivos. Estamos en coordinación con Etxebizitza Sindikatua, con personas que a título particular también aportan y ayudan. Estamos a las puertas de mayo de 2026. Vamos a cumplir un año de emergencia humanitaria en Salburua. La reacción debe ser ya.
“Somos un parche que no puede sustituir a las políticas públicas”, dicen. ¿Pero qué hubiera sido sin el voluntariado durante este tiempo?
A.E. Al final son suposiciones, pero si no existiera esta red y esta asistencia tan mínima, porque es muy mínimo lo que estamos aportando, la situación podría ser muy diferente. Porque si no tienes nada de nada, ¿entonces qué te queda? No voy a responder a eso, pero cualquiera puede más o menos imaginar.
¿Qué sería ahora, a su juicio, lo más urgente que debería abordarse?
C.R.: Todo era para ayer. Sentimos un poco esto, ¿no?
A.E.: Lo más urgente para mí son las citas. Y volvemos un poco al principio: es incomprensible que pudiendo coger una cita on line las hayan limitado a 20 o 30 a la semana. Si yo no tengo gente para gestionar esto, administrativamente o lo que fuera, te doy de aquí a un año. Pero si así ya tengo acceso a otro tipo de recursos, ¿cuál es el problema? ¿Qué diferencia hay entre dar 20 o dar 100 citas? Esto es, casi personalmente, lo más incomprensible de todo. Y el problema es que las citas son para todos los que quieren pedir asilo, no solo los malienses. Hay un tapón impresionante.
C.R.: Sí, hay que ver dónde está el tapón, hacer un diagnóstico y buscar soluciones y compromisos ya.