50 años después de los trágicos sucesos vividos el 3 de Marzo en Vitoria, las puertas de Villa Suso se abren a las autoridades para iniciar el homenaje institucional a las cinco personas asesinadas a tiros por la Policía Armada franquista en Zaramaga.

Fue en el transcurso de una asamblea de trabajadores en la iglesia de San Francisco de Asís de Zaramaga.

Lehendakari, diputado general, alcaldesa, obispo... acceden al interior del palacio al ritmo de txalaparta y bajo un respetuoso silencio solo roto por los aplausos que dan voz a la palabra.

¿Por qué?

“¿Por qué ocurrió todo aquello? ¿Por qué se ocultó la verdad? ¿Por qué todos los gobiernos de la democracia, sean de un color u otro, lo han mantenido continuamente debajo de la alfombra?

¿Por qué se desclasifica la verdad por fascículos? ¿Por qué son siempre las víctimas las grandes perjudicadas?, pregunta el lehendakari.

"No hay un solo argumento que justifique esta sinrazón democrática”, entiende Imanol Pradales.

Secretos oficiales

“Menos aún una Ley de Secretos Oficiales aprobada en plena dictadura, que carece de toda legitimidad democrática. La memoria, para ser justa, debe ser completa”, afirma.

Acto institucional en Villa Suso por el 50 aniversario del 3 de Marzo de 1976. Jorge Muñoz

Denuncia el lehendakari que, “quienes cometieron aquellos crímenes, sabían bien lo que hacían.

Basta con escuchar a los responsables policiales felicitarse por el, abro comillas, “buen servicio”, y jactarse por, vuelvo a abrir comillas, “haber contribuido a la paliza más grande de la historia”, “después de pegar mil tiros”.

Palabras de Fraga

O recordar las palabras del entonces ministro de Gobernación, Manuel Fraga, el mismo que proclamaba con orgullo aquello de que la calle era suya.

"Cito lo que dijo: Que este triste ejemplo sirva de lección a todo el país”.

Crímenes que acabaron en Vitoria con la vida de José Castillo, Bienvenido Pereda, Romualdo Barroso, Francisco Aznar y Pedro María Martínez.

También con las vidas de Juan Gabriel Rodrigo (Tarragona) y Vicente Antón Ferrero (Basauri).

Nombres y memoria

Nombres, hoy recordados una y otra vez en un homenaje solemne y respetuoso, salpicado de guiños, como la interpretación de las Campanadas a muertos de Lluis Llach:

Asesinos de razones, de vidas/que nunca tengáis reposo en ninguno de vuestros días/y que en la muerte os persigan nuestras memorias.  

El diputado general de Álava, Ramiro González; el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, y la delegada del Gobierno, Marisol Garmendia. Jorge Muñoz

La verdad, la justicia, el reconocimiento y la reparación de las víctimas son –en palabras de Pradales– principios fundamentales recogidos en los estatutos de la fundación para el memorial del 3 de marzo.

Sin embargo, hoy, 50 años después, por desgracia, queda aún un largo camino por recorrer para garantizarlos. 

Herida abierta

Por eso, “mientras no se esclarezca lo ocurrido y se juzgue a los responsables, estaremos ahondando en la revictimización; creando víctimas de primera, y de segunda; necesitamos una memoria completa e inclusiva porque sólo así se podrá cerrar la herida aún abierta”, reclama el lehendakari.

Una herida abierta que Gasteiz no olvida, como bien recuerda la alcaldesa de Vitoria. “Siempre van a estar en nuestra memoria”, afirma Maider Etxebarria al condenar cómo hace 50 años, la dictadura mostró su rostro más cruel en Vitoria, con una violencia policial desproporcionada. 

Gasteiz no olvida

Franco había muerto, pero el franquismo seguía vivo meses después.

Por eso, apunta la alcaldesa que el recuerdo del 3M debe servir para seguir dando pasos, como la puesta en marcha del memorial de las víctimas, ya que la memoria no es nadie, es colectiva y, por lo tanto, nadie debe apropiarse de ella.

“En Zaramaga descansa la memoria colectiva. Gasteiz no olvida”, subraya Etxebarria. 

Autoridades y asistentes al acto por el 50 aniversario del 3 de marzo de 1976 en Villa Suso. Jorge Muñoz

El diputado general de Álava tenía 13 años aquel 3 de marzo del 76, vivía en un barrio obrero y conserva un recuerdo nítido de aquellos días.

“La respuesta del Estado fue totalmente desproporcionada e injusta”, denuncia Ramiro González.

“La dignidad de las víctimas no puede olvidarse, su resistencia es un esfuerzo de coraje y de humanidad.

Por eso, reclama avanzar en el esclarecimiento y la desclasificación de todos los archivos acabar con las sombras.

Son muertos de Vitoria

50 años después todavía resuenan las palabras del cura Jesús Fernández Naves grabadas en una casete el día de los funerales en la Catedral Nueva: “Estos muertos son nuestros, son de todo el pueblo de Vitoria”, recuerda el diputado general de Álava.

“Pertenecen a la memoria colectiva”, reivindica Ramiro González