La sede del colectivo de víctimas Martxoak 3, en un barrio de Zaramaga levantado estos días por las obras, sirve de escenario para el encuentro.

Allí esperan Santiago Durán, María del Castillo, Agustín Plaza, Bego Oleaga, Andoni Txasko, Cristina Valverde y Nerea Martínez, siete personas que participaron en las luchas de 1976 y sus años anteriores y posteriores, así como la portavoz de Martxoak 3, inmersas en una animada conversación desde minutos antes de la hora programada para la cita con este periódico. 

No en vano, los recuerdos de aquellos días de reivindicaciones y represión, de anhelos y miedo, de ansias por mejorar las precarias condiciones de la clase trabajadora y de romper de raíz con el franquismo –ya sin Franco– siguen muy presentes 50 años después de la masacre. “Los que yo tengo de ese día son brutales. De una violencia degenerada, totalmente”, subraya Durán en primera instancia. Este vecino de Gasteiz fue una de las decenas de personas que aquel 3 de Marzo resultaron heridas, muchas ellas de bala, tras tomar parte en la asamblea de trabajadores violentamente desalojada de la iglesia de San Francisco.

Las víctimas del 3M y Nerea Martínez, la portavoz de Martxoak 3, conversan en la sede de la asociación Pilar Barco

Es, también, el caso Plaza, apaleado cuando huía del templo gaseado por la Policía Armada y que tuvo que permanecer un mes de baja. O el de Txasko, que ya el 4 de marzo fue brutalmente atacado por otra dotación policial y perdió un ojo.

Oleaga, como muchas otras mujeres, recibió igualmente “bien de palos” tras participar en la asamblea, una experiencia que la marcaría “profundamente”. Pero más allá de la violenta intervención policial de aquella jornada en concreto, también la de los años y días previos y siguientes, y de su altísimo peaje en forma de heridos y muertos, los participantes coinciden en poner el foco en el contexto social y político de la época.

En el camino que llevó a una jornada de huelga general, que seguía a otras anteriores, mayoritariamente secundada en Vitoria y que el Estado decidió cortar de raíz. En los “sueños” de quienes fueron partícipes de aquella lucha, en palabras de Oleaga. “Estábamos todos los días en la calle. Todos. Y la policía actuando desde hacía mucho tiempo. Estaban como locos”, expone en este punto Valverde.

Cristina Valverde Pilar Barco

La unidad inquebrantable de una clase obrera tan joven como precarizada, organizada asambleariamente por encima de siglas políticas y sindicales, y la posterior asunción de una plataforma reivindicativa común sirvió para canalizar la lucha de un movimiento que lo quería cambiar todo: desde esas condiciones que rayaban en la esclavitud hasta el propio régimen criminal.

“Muchas veces se pone el foco en el propio 3 de Marzo, en los muertos, en los heridos, y no en por qué se llegó a eso, en por qué el Estado actuó de esa manera. Para mí es lo más importante”, subraya Martínez, cuyo tío Pedro Mari fue el primero de los cinco trabajadores asesinados por la Policía Armada fuera de San Francisco.

La “revictimización continua” que las víctimas han sufrido durante este medio siglo de exigencia de verdad, justicia y reparación copa otra parte importante del encuentro.

“Es muy doloroso”, enfatiza Martínez. “Las instituciones han intentado olvidar. Pero gracias a Martxoak 3 hemos sido capaces de transmitir y mantener viva la memoria”, apunta a renglón seguido Plaza.

Monolito en representación del 3 de marzo Pilar Barco

El hecho de que ahora quieran “salir en la foto” muchos que durante años han dado la espalda a las víctimas genera sentimientos que van desde el enfado a la indiferencia, aunque también se percibe incluso como “un logro”, en palabras de Txasko.

Las y los protagonistas del encuentro no pasan por alto el esencial papel que las mujeres desempeñaron en el movimiento obrero de la época.

“Fueron convirtiéndose en sujetos políticos”, enfatiza Oleaga, tal y como sucedió con ella o con Del Castillo. Valverde, que fue detenida por participar activamente en el reparto de propaganda, recuerda cómo esta fue también “una lucha de independizarse del patriarcado, aunque no fuéramos conscientes de lo que estábamos haciendo”.

Bego Oleaga, Agustín Plaza, María del Castillo y Santiago Durán Pilar Barco

En este 50 aniversario, todos y todas creen que el eventual reconocimiento por parte del Estado de su responsabilidad en la masacre sería “un avance importante”, aunque pueda sonar oportunista.  

Testimonios de lucha y memoria del 3 de Marzo Pilar Barco

La efeméride es también, según Txasko, “una oportunidad para abrir caminos contra otras muchas vulneraciones que han venido desde la violencia del Estado”.

“Si abrimos esa vía de que se reconozca que fue un crimen de Estado, sería la punta del iceberg”, apunta de nuevo la portavoz de Martxoak 3. Siguiendo esta línea argumental, Martínez reconoce que, para ella, más que “flores y memoriales” la reparación a las víctimas debería basarse “en la justicia y la verdad”. “El 3 de Marzo llevan siendo los 365 días del año desde el 3 de Marzo de 1976”, zanja.