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Arkaia abre una ventana a dos mil años de historia

Un itinerario circular y un centro accesible permiten comprender la dimensión histórica del yacimiento en el que se explica la huella caristia, romana y medieval

Arkaia abre una ventana a dos mil años de historiaJorge Muñoz

El yacimiento de Arkaia ha inaugurado hoy su nuevo itinerario arqueológico, una iniciativa con la que se pretende facilitar la comprensión de la dimensión y la relevancia de los vestigios históricos del enclave. El proyecto incluye la instalación de paneles informativos a lo largo de un recorrido circular por el pueblo, así como la transformación de la antigua bolera en un centro de interpretación accesible, destinado a acercar a la ciudadanía la historia de este espacio emblemático de Álava, marcado por la huella del pueblo caristio, la romanización y la Edad Media.

Es precisamente en la fachada de la antigua bolera de Arkaia donde se ofrece una síntesis visual de siglos de historia. Aunque el objetivo de los arqueólogos Miguel Loza y Javier Niso, de la empresa Iterbide –encargada de las excavaciones en el yacimiento–, es mostrar en el futuro los materiales originales recuperados, en las vitrinas se exponen actualmente réplicas de los objetos más representativos de las principales etapas históricas documentadas.

En concreto, se explica que los primeros habitantes del enclave, pertenecientes a la etnia caristia, establecieron un importante asentamiento entre los siglos III y I a. C., del que se han localizado calles, viviendas y cerámicas decoradas, además de adornos que permiten conocer de cerca su modo de vida.

Con la llegada de Roma, Suestatium se convirtió en el siglo II d. C. en una pequeña urbe dotada de espacios públicos como el foro y las termas. En este periodo han aparecido fragmentos de esculturas, inscripciones y capiteles que evidencian su carácter monumental, así como un urbanismo relevante en el que se han identificado restos de mosaicos, esculturas y pinturas murales, además de objetos cerámicos y metálicos de uso doméstico y ornamental.

Panel informativo sobre las termas públicas de Arkaia

Tras varios siglos de penumbra posteriores a la caída del Imperio romano, el enclave experimentó un resurgir a partir del siglo VII, con la consolidación de la aldea medieval de Archaia. Su configuración urbana fue modificándose progresivamente y el centro neurálgico se trasladó al entorno de la actual parroquia de la Natividad. Con el paso del tiempo, el asentamiento se consolidó y quedó documentado en la Reja de San Millán de 1025.

Molino medieval

Cada uno de los paneles, redactados en euskera y castellano y compuestos por imágenes y réplicas, divulga distintos fragmentos de la historia del yacimiento de Arkaia. Entre ellos destaca el dedicado al molino hidráulico de Arkaia, en el que se explica su ubicación, su funcionamiento, desde la captación del agua hasta los mecanismos de rotación y molturación, los restos conservados y su cronología.

Este molino se sitúa en la orilla derecha del río Santo Tomás, al sur del núcleo de Arkaia y a los pies del alto de las Neveras. Permaneció en funcionamiento hasta la década de los setenta del siglo XX, cuando fue sustituido por otro de carácter eléctrico ubicado en un edificio diferente. En ese momento desaparecieron también los restos del canal que conducía el agua desde el río y de la presa asociada.

El itinerario, visible en la parada de autobús de Arkaia

La documentación histórica confirma que el molino ya estaba en uso en 1675, año en el que Pedro Ladrón de Guevara, vecino de Otazu, renovó el arrendamiento de la casa molino a Martín de Zambrana, vecino de Arkaia, por un periodo de siete años y una renta anual de 34 fanegas de trigo. En 1813, el molino fue nuevamente arrendado al concejo de Arcaya por un periodo de nueve años.

En la actualidad, del molino de Arkaia se conserva únicamente el cubo o antépara. En una intervención arqueológica realizada en 2021 en la zona del cárcavo se comprobó que los saetines permanecían intactos, recuperándose además las dos paletas utilizadas para regular la salida del agua y los dos rodetes de hierro. El edificio que albergaba la zona de molienda fue derribado, aunque se lograron rescatar algunas muelas de piedra que se encontraban dispersas por el pueblo.