A la vitoriana Mercedes Maroto-Valer, subdirectora de Sostenibilidad Global en la Universidad Heriot-Watt (Edimburgo), siempre fascinó comprender el funcionamiento de las cosas y explorar cómo crear soluciones para desafíos técnicos.
Esta pasión, sumada a su interés en las ciencias químicas, la llevó a estudiar Ingeniería Química. El anuncio de su condecoración por la Orden del Imperio Británico por sus servicios en tecnologías de bajo consumo energético, que recibirá en una ceremonia oficial en este 2026, es su último reconocimiento, de momento, de una lista que incluye el Premio ACES-Margarita Salas o la Medalla de Álava.
“Sin duda, mis raíces gasteiztarras han influido significativamente en mi compromiso con la sostenibilidad y en recibir esta condecoración”, resalta.
¿Cuando se dio cuenta de que quería especializarse en la descarbonización?
–Desde muy joven me han llamado la atención los retos medioambientales y la manera de afrontarlos a través de soluciones de ingeniería. Comencé trabajando en cuestiones relacionadas con residuos sólidos y emisiones tóxicas de centrales térmicas y desde hace más de veinte años me he enfocado en el ámbito de la descarbonización.
Cuando lo hizo, no era un tema tan conocido. ¿Hasta qué punto fue fácil dedicarse a ello?
–Efectivamente, no era un tema ampliamente conocido. Mi primer proyecto relacionado con la descarbonización tuvo lugar cuando trabajaba en Penn State University, en Estados Unidos, respaldado por el Departamento de Energía. En aquel entonces, no se le atribuía la relevancia que ha adquirido con el tiempo. El área comenzaba a desarrollarse y éramos una comunidad relativamente pequeña de investigadores, actuando casi como pioneros y brindándonos apoyo mutuo a través de consorcios que fuimos formando de manera orgánica y algunos de los cuales, con el tiempo, han evolucionado hasta convertirse en conferencias internacionales.
TIERRA NATAL
El anuncio de la condecoración de la Orden del Imperio Británico fue en Navidad. ¿Coincidió con su regreso a casa, a Vitoria? ¿Qué le dijeron sus familiares y amigos, de aquí? ¿Y sus colegas de profesión?
–Sí, ha coincidido con mi estancia en Vitoria-Gasteiz por las fiestas navideñas, lo que me brindó una excelente oportunidad para celebrarlo junto a mi madre, mi familia y mis amistades de allí. Además, fue motivo de gran alegría, ya que, sin duda, mis raíces gasteiztarras han influido significativamente en mi compromiso con la sostenibilidad y recibir esta condecoración. Me han llegado numerosas felicitaciones y mensajes llenos de afecto por email, teléfono y a través de redes sociales, tanto del entorno personal como profesional. Aprecio profundamente cada mensaje recibido y agradezco de todo corazón todas las felicitaciones.
Pese a las llamadas, ¿ha tenido tiempo de desconectar en sus vacaciones? ¿Qué planes, por ejemplo, le gusta hacer cuando vuelve a Álava?
–También ha habido tiempo para relajarse, salir a tomar unos potes y disfrutar de la gastronomía típica de esta época, incluido el roscón de reyes. Por supuesto que en estas fechas no puede faltar la visita al Belén de la Florida, admirar la decoración y las luces de la Virgen Blanca y de toda la ciudad y, cómo no, tomar las uvas para celebrar el año nuevo.
¿Qué ha supuesto este último reconocimiento?
–Este reconocimiento, que celebra mi trayectoria desde estudiante Erasmus hasta la obtención del título de Oficial de la Excelentísima Orden del Imperio Británico (OBE), consolida mi firme creencia en la relevancia de la educación, la innovación y la colaboración como motores para un impacto significativo y sostenible.
RETOS
¿Cómo está el mundo a la hora de descarbonizarse? ¿En qué fase estamos?
–Hemos logrado avances significativos en la descarbonización del sector eléctrico mediante energías renovables, pero nos quedan grandes retos pendientes en áreas como la industria y el transporte que dependen de una amplia gama de tecnologías emergentes. Nos encontramos en un momento crucial. Durante esta década es imprescindible crear la infraestructura necesaria para reducir las emisiones en otros sectores y fomentar el crecimiento económico sostenible.
El proceso para descarbonizarse comenzó con las renovables. Ha liderado un proyecto para descarbonizar las industrias que hacen un uso intensivo de la electricidad. ¿Es en este sector por el que hay que empezar?
–Dirijo el Centro de Investigación e Innovación para la Descarbonización Industrial (IDRIC) del Reino Unido, que fue establecido en 2021 para acelerar la descarbonización industrial a la vez que impulsar el crecimiento económico. Como directora, valoro especialmente las alianzas que hemos establecido con cerca de mil instituciones académicas, empresas, entidades gubernamentales y la sociedad civil, ya que favorecen la viabilidad de nuevas tecnologías energéticas. Hemos respaldado 100 proyectos en áreas como captura, uso y almacenamiento de CO2, hidrógeno, electrificación y transición socioeconómica.
¿Cuál sería el siguiente?
–La descarbonización de los distintos sectores no requiere llevarse a cabo de manera secuencial; por el contrario, existen múltiples sinergias intersectoriales. Un ejemplo de ello es la producción de hidrógeno destinada a la descarbonización del sector manufacturero, que puede aportar beneficios adicionales al ámbito del transporte.
¿Es posible descarbonizar el sector industrial? ¿Cómo se puede evitar el CO2 que emiten durante el proceso?
–Es un reto difícil pero alcanzable. Podemos reducir emisiones de CO2 mejorando la eficiencia de los procesos y capturando las emisiones residuales. Además de nuevas tecnologías, se requieren mecanismos de financiación, marcos regulatorios y apoyos fiscales con el fin de lograr una transición energética y climática justa e inclusiva desde las perspectivas ecológica, social y económica.
En abril hubo un apagón en España y Portugal que puso de manifiesto la dependencia por la electricidad y disputas que acusaron a las renovables. ¿Qué papel tiene la energía nuclear en la transición energética?
–El proceso de transición energética requiere de un enfoque equilibrado que combine fuentes renovables, tecnologías limpias, redes eléctricas robustas y sistemas eficientes de almacenamiento. En este sentido, la energía nuclear puede ocupar un papel en la transición energética al constituir una fuente de bajas emisiones de CO2 y poder contribuir a la seguridad del suministro eléctrico en casos de ausencia de recursos solares o eólicos.
¿Qué retos pendientes quedan para reducir los efectos del cambio climático?
–Los principales retos técnicos son la descarbonización de sectores difíciles de abatir (industria, aviación, transporte marítimo), expandir el almacenamiento energético y las redes inteligentes para mayor resiliencia. Igualmente, resulta esencial fortalecer las estrategias de adaptación, la financiación climática y fomentar la cooperación internacional.
¿Cuál es su propósito en este sentido?
–Quiero dejar el planeta igual o mejor de cómo lo encontré. Busco demostrar que la neutralidad climática y la prosperidad pueden coexistir. El crecimiento verde es la mayor oportunidad económica del siglo y puede impulsar nuevos sectores industriales generando bienestar social y económico.
ESPAÑA VS REINO UNIDO
¿Qué diferencias ve entre España y Reino Unido a la hora de afrontar la transición energética?
–Ambos países están comprometidos en la transición ecológica y disminuir su dependencia de los combustibles fósiles, aunque empleando estrategias distintas influenciadas por sus propios recursos naturales, marcos regulatorios y decisiones estratégicas. España apuesta más por renovables como solar, eólica terrestre (onshore) e hidrógeno verde (procedente de generación renovable), mientras que en el Reino Unido, los parques eólicos marinos (offshore), el gas natural con captura de CO2, hidrógeno verde e hidrógeno azul (gas natural con captura), así como la nuclear mantienen un peso más importante.
En 2050 el objetivo es llegar a esta fecha con emisiones cero de dióxido de carbono. La fecha más próxima, es el 2030, con el reto de intentar conseguir que las emisiones de gases bajen un 50%.
–De hecho, el desafío más exigente es el del año 2030, ¡y ya estamos en 2026! Sin embargo, es un objetivo posible si adoptamos un enfoque integral de sistemas. Esto implica establecer marcos regulatorios y medidas financieras que favorezcan la innovación e inversión y que permitan implementar, a gran escala, diversas tecnologías necesarias para lograr una transición ecológica justa.
CIENCIA
¿Y de la investigación en España? ¿Las instituciones apuestan por ella como es debido o qué falta?
–Invertir en investigación es clave para la innovación, el desarrollo tecnológico y la competitividad, así como para afrontar retos sociales como el cambio climático y fortalecer la educación. España invierte un 1,5% de su PIB en I+D, por debajo de la media europea (2,2%) y del Reino Unido (2,8%). Euskadi destaca por destinar casi el 2% de su PIB a I+D, lo que le aporta una mayor competitividad y reconocimiento en el ámbito internacional.
¿Considera necesario que los científicos se vayan a otros países?
–Aunque no considero que sea indispensable, tener una experiencia en el extranjero aporta un gran valor a la carrera científica. Personalmente, he podido apreciar los beneficios de realizar mi carrera de investigación en Estados Unidos y Reino Unido, permitiéndome conocer a líderes internacionales, aprender nuevas técnicas, fórmulas de trabajo y ampliar mi red social.
Algunos lo hacen porque aquí dicen que no está bien pagada y que los equipos no son estables.
–Hay que reconocer que la investigación es altamente competitiva a nivel global y el talento investigador no tiene fronteras. Existen oportunidades muy atractivas tanto dentro como fuera de Europa, que pueden presentar mejores salarios, infraestructuras más avanzadas y carreras científicas más claras. Pero también quiero resaltar que esta movilidad favorece el progreso científico a nivel global, impulsando avances científicos que benefician a la sociedad en su conjunto.
El Reino Unido, antes del Brexit, era uno de los mayores receptores de ayudas de la Unión Europea para proyectos científicos. ¿Qué tal está ahora?
–El Reino Unido fue uno de los principales receptores de fondos de investigación de la Unión Europea, como los del programa Horizonte 2020. Tras el Brexit, se vivió un periodo de incertidumbre que restringió tanto la participación británica como el acceso a financiación directa, aunque se mantuvieron acuerdos transitorios y continuaron los proyectos en marcha. Desde su reincorporación como miembro asociado a principios del 2024, el Reino Unido ha vuelto a acceder a la financiación europea, reforzando los beneficios de la cooperación científica internacional.
¿Y qué hay de la igualdad en la investigación?
–Aunque se han logrado avances, persisten barreras importantes en la igualdad de género, especialmente en los campos STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), donde la representación femenina continúa siendo limitada y la brecha de género aumenta en posiciones de liderazgo. La conexión entre talento y transición sostenible es fundamental. Y promover la igualdad, diversidad e inclusión resulta indispensable para desarrollar soluciones efectivas ante los retos del desarrollo sostenible y la transformación energética. Mantengo mi compromiso personal de contribuir a que las personas sean valoradas únicamente por su talento, sin distinciones adicionales.