Artium Museoa vuelve la mirada hacia una de las trayectorias más singulares y menos frecuentadas por el relato oficial del arte vasco contemporáneo. Desde este sábado y hasta el 30 de agosto de 2026, la sala A3 acoge Juana Cima. Una mirada disidente, una exposición que revisa más de tres décadas de producción de la artista cubano-vasca y que aspira, sin ambages, a interpelar la ausencia de su nombre en la narrativa hegemónica.

Nacida en Caibarién (Cuba) en 1951, Juana Fernández Cima articuló su obra en la intersección de tres vectores: la memoria caribeña, su formación en el contexto vasco y una espiritualidad exploratoria que, ya desde finales de los años setenta, anticipó debates hoy centrales en torno a identidad, ecología y género.

Artium Museoa vuelve la mirada hacia una de las trayectorias más singulares y menos frecuentadas por el relato oficial del arte vasco contemporáneo Cedidas

La muestra, comisariada por Garazi Ansa-Arbelaiz, no se limita a ordenar cronológicamente una producción dispersa, sino que propone una aproximación a una actitud vital en la que creación y existencia se funden hasta volverse indisociables.

El recorrido se estructura en cinco grandes territorios biográficos y conceptuales: Bilbao. El primer territorio del deseo y la reivindicación; Territorios míticos y conciencia ecofeminista; La identidad insular y saberes mediterráneos; El camino espiritual a través de la India y el budismo; y El retiro en la montaña.

En ellos se despliega una ética de relación con el otro —humano, animal o vegetal— que atraviesa toda su práctica, siempre desde la alteridad y la disidencia.

Juana Cima Cedida

En los márgenes

Formada inicialmente en Oviedo, Cima ingresó en 1975 en la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao, donde se especializó en Pintura y Grabado.

Entre 1977 y 1997 vivió su etapa de mayor visibilidad pública participando en certámenes relevantes y su obra pasó a integrar colecciones institucionales como las del Gobierno Vasco, la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

A comienzos de los ochenta colaboró con la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, contribuyendo a la iconografía del movimiento feminista en Euskadi

Sin embargo, su libertad formal, la franqueza afectiva y la ausencia de concesiones en su exploración identitaria la situaron en los márgenes del canon dominante.

A comienzos de los años ochenta colaboró con la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, contribuyendo a la iconografía del movimiento feminista en Euskadi. En paralelo, desarrolló una extensa carrera docente en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), primero en la Escuela de Magisterio y más tarde en la Facultad de Bellas Artes de Leioa, donde ejerció hasta 2014.

En 1997 decidió retirarse del circuito expositivo —no así de la producción artística— y, tras concluir su etapa académica, se instaló en un estudio en el campo, desde el que continúa trabajando de manera independiente.

La exposición aspira a reactivar esa obra silenciada y a devolverla al debate público. Con motivo de la muestra, el museo ha publicado además un nuevo número de su serie editorial #Hitzak, que recoge un extenso ensayo firmado por Ansa-Arbelaiz, ampliando las claves de lectura de una trayectoria que hoy se revela especialmente pertinente.

La inauguración tendrá lugar este sábado a las 12.00 horas, con acceso libre hasta completar aforo. Una oportunidad para redescubrir a una artista que hizo de la disidencia no solo un gesto estético, sino una forma de estar en el mundo.