Quienes conocen de primera mano la otra cara de las noches de fiesta, alcohol y desenfreno en la capital alavesa son los taxistas. Un gremio que cada sábado, pasadas las altas horas de la madrugada, debe lidiar con clientela ebria que, con unas cuantas copas de más en el cuerpo, puede llegar a presentar comportamientos incívicos y, en el peor de los casos, agresivos. En este contexto DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA ha querido recoger los testimonios de algunos de los trabajadores del sector. En la icónica parada de taxis frente a la Catedral Nueva, varios taxis hacían fila ayer, uno tras otro, esperando alguna llamada o solicitud por parte de los clientes.

Juan lleva diez años como taxista y, aunque en sus inicios comenzó en el mundo de la noche, ahora ofrece sus servicios a clientes de empresas, con trayectos más largos y, puntualmente, alguna carrera más corta por la ciudad. “Ya no hago noches porque no me gusta llevar a personas borrachas, prefiero trabajar para clientes que se que no me la van a liar”, expresaba.

En este sentido, el trabajador mencionaba los conflictos a los que los taxistas deben hacer frente en el horario nocturno, aunque evita caer en generalizaciones. “No todos, pero alrededor de un 60% de las personas que puedes encontrarte a las cinco de la mañana son problemáticas”, apuntaba desde su asiento. “Gente que se baja del coche sin pagar e incluso gente que te intenta pegar”, denunciaba. “Puedes intentar retener a la persona, pero si te escapa, se te ha escapado”. añadía.

Delante del vehículo de Juan se encontraba Rubén, taxista que, actualmente continúa ejerciendo sus servicios los sábados por la noche. El joven destacaba los vómitos y los simpa como algunas de las acciones más comunes por parte de la clientela ebria. “Me han llegado a dejar un móvil viejo en el coche, que no servía para nada, como garantía de pago. Mas tarde, el cliente no bajó de su casa para pagarme”, narraba.

Asimismo, el trabajador resalta que también es frecuente que los mismo clientes provoquen peleas por querer ser el primero en subirse al taxi. “No sabes qué te va a tocar” remarcaba. En la misma línea, Rubén hacía hincapié en el hecho de que lo clientes vomiten en los taxis. “Que te devuelvan en el coche te quita cuatro o cinco horas de trabajo, porque tienes que limpiarlo y asegurarte de eliminar bien el olor”, explicaba. “También me han llenado el coche de agua por entrar con bolsas de hielo”, protestaba.

Otro taxista, que prefería mantenerse en el anonimato, señalaba que ahora prescinde de los turnos nocturnos, tras trabajar en ellos durante los primeros años. “No me gusta la noche porque te vacilan mucho”, remarcaba. Asimismo, el taxista señalaba que el peligro de la clientela con varias copas de más, comenzaba a partir de las cuatro de la madrugada. Un dato que también coincide con los testimonios de Juan y Rubén. “A la salida de las discotecas es cuando comienza el problema”, indicaba Rubén.

SELECCIÓN DE CLIENTES

Juan destapaba una decisión que se vio obligado a tomar para evitar correr riesgos. “En mi caso, hacía selección. Si ves que el cliente puede ser problemático, no te paras”. “He tenido que sentar a personas en el asiento delantero, para tener más opciones en caso de que fuese necesario reaccionar”, contaba. Lo cierto es que esta situación no es nada fácil para el sector. “Estamos expuestos al peligro, se monta gente que no sabes quienes son”, zanjaba. – C.G.