La comunicación anónima puede ayudar a que la persona que hay detrás llegue a colectivos inaccesibles de otra manera. Esto parece ser el caso del “efecto Banksy”, como llamó el periodista Max Foster al éxito del artista que se esconde detrás del seudónimo Banksy. Desde que sus intervenciones artísticas aparecieron clandestinamente sobre muros y espacios vacíos de ciudades, su fama no ha hecho más que crecer.

El anonimato comunica bien

¿El artista podría ser el grafitero Robin Gunningham?, ¿un colectivo?, ¿alguien de Bristol? Porque Bansky inició su actividad con spray en Bristol… El morbo y la intriga aumentan la expectación en torno a su figura, que nadie ha logrado retratar en todo este tiempo. Sobre todo, ha logrado darse a conocer mejor que muchos artistas que se prodigan en los medios de comunicación. Al principio de sus actividades tuvo como primera consecuencia la persecución a lo que se consideraba una forma de vandalismo callejero: se borraron sus creaciones cubriendo paredes y mostrando indignación institucional. Si le llegar a pillar al principio de su carrera, no hubiéramos sabido nada de él.

Pero Bansky ha logrado seguir adelante con sus creaciones y el interés por quien las firma. A la vista del recorrido, vemos algo más profundo: la sorprendente capacidad del poder dominante –establishment– para absorber socialmente incluso aquello que nació para combatirlo. No es la primera vez que se han dado iniciativas con una estética deliberadamente antisistema, llámese antimilitarista o muy crítica con el capitalismo. Recuerdo el movimiento hippie nacido en los años sesenta como una explosión contracultural y de rebelión contra el capitalismo y las guerras, sobre todo la de Vietnam, que fue fagocitado por el propio sistema que combatía. Sus ideales fueron neutralizados al comercializarlos como oferta consumista y contraria a lo que propugnaban.

Banksy no parecía que iba a llegar tan lejos y convertirse ahora en patrimonio cultural protegido, ¡quién lo hubiese dicho! Hoy sus obras son reconocidas, atraen a grandes colectivos por considerarlo un referente incluso para el turismo. No hay más que ver a las ciudades celebrando la aparición de sus obras callejeras como si se tratara de acontecimientos culturales oficiales. La audacia de Bansky ha logrado colocar clandestinamente una estatua humana sobre un alto pedestal en pleno centro de Londres. Y las autoridades se han preguntado si conviene conservar intacta una nueva obra suya. Está claro que su anonimato le ha llevado al éxito.

No cabe duda que su habilidad en manejar el arte y la ocultación de su identidad, le ha reportado una fama bien ganada. Pero hay que reconocer también que el Sistema conoce muy bien que un Banksy clandestino e ilegal puede resultar peligroso. En cambio, un Banksy convertido en activo patrimonial y turístico resulta manejable; y rentable al comercializar la disidencia. No es para menos: disfrazado para no ser reconocido en caso de que le pillaran, colocó una de sus obras en una pared de la Tate Britain, museo conocido anteriormente como Tate Gallery. Hasta que se cayó al suelo y se convirtió en noticia. Y a partir de ahí sigue haciéndolo en otros museos.

Ha combatido el mercado artístico tradicional, pero sus trabajos se han transformado en activos financieros globales, ya que su anonimato ya es un fenómeno mediático y una marca comercial muy rentable en el arte contemporáneo. Su puesta en escena fascina más que sus transgresiones porque cualquier misterio multiplica el valor.

En nuestro pequeño país apenas ha dejado huella de sus trabajos; un grafiti aparecido en el Casco Viejo de Donostia que el Ayuntamiento decidió preservar (2010); grafitis de su mismo estilo decoran las paredes del túnel en Iruña (2012). No he encontrado más. Leo que sus obras han llegado a pagarse en las subastas hasta 1,8 millones de euros y que su éxito ha llegado al merchandising en todo el mundo: camisetas, pósters, bolsos, calendarios… Éxito rotundo desde el anonimato y sin renunciar al mensaje: “El arte debería confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”. El artista ha sido reconocido como tal, ha triunfado, pero acabaremos sabiendo quien se esconde detrás de Banksy. Será cuando el misterio no sea necesario para mantener su legado en todo lo alto. l

Analista