“Euskadi nunca ha tenido miedo a innovar; su posición en hidrógeno es privilegiada”
Ingeniero experto en materia de energía, Isaac Gómez es el CEO de la firma vasca Boslan, que desde agosto del año 2024 forma parte de la multinacional Accenture, una estructura de alcance mundial entre cuyo campo de acción están las renovables
Isaac Gómez es responsable de Capital Projects en Accenture y CEO de Boslan, la empresa vizcaina de ingeniería en proyectos industriales y de energías renovables que pasó a ser parte de Accenture, la multinacional de consultoría estratégica y servicios tecnológicos, en agosto de 2024. Dentro de la estructura mundial de Accenture, los equipos de Boslan continúan ayudando a sus clientes a diseñar y supervisar la construcción de infraestructuras para lograr su transición a la neutralidad en emisiones de carbono, como parques eólicos terrestres y marinos, plantas solares, redes inteligentes, infraestructura de carga de vehículos eléctricos y plantas de hidrógeno. También apoyan grandes proyectos de infraestructura de centros de datos, y otras infraestructuras críticas. Los clientes de la compañía son empresas y organizaciones que trabajan en las industrias de energías renovables, petróleo, gas, redes, centros de datos y otras infraestructuras públicas y privadas. Tras la integración en Accenture, los más de 1.000 ingenieros de Boslan se incorporaron al área de infraestructuras de Accenture. Gómez participó esta semana en el Congreso Nacional de Industria que se ha desarrollado en Bilbao, y entre cuyas firmas impulsoras ha estado la propia Accenture.
La energía se ha convertido en un factor de primera importancia en el orden geopolítico internacional. ¿Va a ser determinante en el éxito de las economías de los estados?
—Absolutamente. Por ejemplo, el marco global de la Unión Europea para los próximos años ha sido definido en diferentes informes, y lo que se busca es la soberanía en materia de defensa, Inteligencia Artificial y también energía. En Accenture creemos que los tres campos están íntimamente relacionados, pero no únicamente por dar soberanía a los países de la UE, sino porque estamos en una guerra comercial no declarada. Cada geografía intenta favorecer de la manera que puede a sus industrias. Lo que se pretende es que todas las industrias europeas sean capaces de tener un acceso a la energía seguro y con un precio sostenible a largo plazo. Es una cuestión de competitividad empresarial.
En Euskadi, al igual que en el resto del continente europeo, estamos en una situación de marcada dependencia energética.
—Es cierto, pero existen iniciativas que van orientadas, tanto a nivel del Estado como de Euskadi, a que el sector industrial disponga de energí a un coste adecuado. Por ejemplo, en Euskadi está la red de hidrógeno de Enagás, en cuyo diseño participa Accenture, y también el Corredor Vasco del Hidrógeno, además de los proyectos de Petronor. La apuesta que hace Petronor por el hidrógeno verde es fundamental y vertebradora para Euskadi, que está en una posición privilegiada. Existen otros polos industriales en el Estado, como en Castellón o en Andalucía, que van a seguir la misma hoja de ruta respecto al hidrógeno verde. También se está trabajando en aumentar la capacidad de interconexión eléctrica con Francia a través del Golfo de Bizkaia, con el proyecto Inelfe que lideran Red Eléctrica de España y su equivalente francesa, Réseau de Transport d’Électricité. Es decir, que existe una concienciación clara de todas las administraciones de que estamos en un momento histórico, un tren que no podemos perder porque hay otras geografías, como Asia, que tienen planes muy desarrolladas en esta materia.
Países como Alemania e Italia han puesto en cuestión la idoneidad de los actuales objetivos de descarbonización de la Unión Europea por considerar que van en contra de la industria, en especial la automovilística, que está presionando para relajar esos objetivos. ¿Preocupan esos movimientos?
—Es evidente que cada país tiene sus intereses particulares dentro de una organización plurinacional como es la Unión Europea, pero en el mix energético global todas las tecnologías son necesarias. Lo vimos en el apagón eléctrico del pasado 28 de abril, con tecnologías de respaldo, como los ciclos combinados, que nos permitieron recuperar al suministro en menos de una jornada. Las centrales nucleares en Francia y Reino Unido son tecnologías de respaldo fundamentales, al igual que en España. Y también lo son las energía renovables. La transición energética es imparable. La velocidad a la que evolucione el proceso es algo secundario a día de hoy, porque todas las tecnologías son imprescindibles para el mix energético europeo. Esa combinación está contribuyendo a rebajar la dependencia del gas y el petróleo de Rusia.
La generación de energía gracias a las aportaciones de la eólica y la fotovoltaica sigue creciendo.
—Sí, pero insisto en que lo principal no es cambiar la hoja de ruta por cuestiones geopolíticas, sino por la competitividad de la industria. Necesitamos que el coste de la energía sea predecible, estable y competitivo.
¿Cómo ve el futuro de Euskadi en materia de energías renovables?
—Pienso que, más allá del clima y de que las horas de sol de las que dispone son menores que en otros lugares, lo cierto es que Euskadi tiene una ventaja, que es la larguísima trayectoria de colaboración público-privada y el nulo miedo para innovar. Esta tierra nunca ha tenido miedo a diversificar en asuntos de energía. Existe una tradición histórica de innovación, tanto en la industria en general como en en el sector de la energía en particular.
¿Cuáles son las principales preocupaciones que les transmiten las empresas en materia energética?
—Existen dos tipos de compañías que trabajan con Accenture en este campo. Por un lado, están los desarrolladores de activos energéticos, que están preocupados en que esas inversiones se puedan hacer a tiempo, con una rápida regulación y la obtención de los permisos pertinentes. Les interesa que la digitalización y la Inteligencia Artificial les permitan prevenir y evitar problemas que impidan que esos proyectos energéticos finalicen con éxito. Y, por otro lado, tenemos a los consumidores energéticos, como la industria de la automoción y los centros de datos, que quieren lo mismo:acceso a la red y capacidad.
¿Qué balance hace de la integración de Boslan en Accenture?¿Le ha permitido incrementar su visibilidad internacional?
—Antes de la integración, que tuvo inicio en agosto de 2024, ya hubo varios grupos de trabajo durante casi un año, pero lo cierto es que la realidad supera todas las expectativas que teníamos. En un primer nivel, crece nuestra capacidad de aumentar el portfolio de servicios que prestamos a nuestros clientes a lo largo de toda la cadena de suministro. En un segundo nivel, aumenta la vocación internacional que ya tenía Boslan, puesto que Accenture está en todos los países y geografías importantes. Y en tercer lugar, Accenture es una empresa con una cultura de culturas. Tenemos la facilidad de encontrar colaboradores, aunque sea en la otra parte del mundo, para completar equipos de trabajo con perfiles bastante heterogéneos. Accenture proporciona la capacidad para que esos equipos alcancen el resultado adecuado. Estamos ya completamente integrados en todos los procesos. Nos sentimos cuidados y queridos.
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