Advertidos por el riesgo, el peligro, la angustia y la incertidumbre que acarrea en su macuto la lluvia, en el Giro se desplegaron los chubasqueros, la ropa para el agua y la cautela.

Después del caos de la víspera, del accidente en la bocana del esprint, la tensión se elevó en el segundo acto de la Corsa rosa en Bulgaria. Más madera. Es la guerra.

Espejada la carretera, la preocupación se inmiscuyó en el sistema nervioso del pelotón, que se enlutó. Gris marengo el cielo, negros los ciclistas, que trataban de encontrar algo de luz como en una pintura de Caravaggio. No había lumbre.

Imagen tras la caída. Eurosport

Solo desconsuelo cuando en un descenso, a 20 kilómetros de Veliko Tarnovo, sucia la carretera, sin ser barrida por la lluvia, se desató el caos con una caída masiva que hizo tiritar al Giro. Un escalofrío recorrió la espina dorsal.

Durísima caída

Se desató el el horror. Espeluznante el accidente. Cayeron una treintena de ciclistas a modo de fichas de dominó. Un amasijo de cuerpos, de carbono, de gritos y de dolor.

Una amalgama de malas noticias junto al quitamiedos. Más de uno se estrelló contra la protección. Hospital de campaña.

Giro de Italia


Segunda etapa

1. Thomas Silva (Astana) 5h39:25

2. Florian Stork (Tudor) m.t.

3. Giulio Ciccone (Lidl) m.t.

29. Markel Beloki (Education First) m.t.

44. Igor Arrieta (UAE) a 1:01


General

1. Thomas Silva (Astana) 9h00:23

2. Florian Stork (Tudor) a 4’’

3. Egan Bernal (Ineos) m.t.

24. Markel Beloki (Education First) a 10’’

53. Igor Arrieta (UAE) a 1:11

Un desgarro profundo atravesó el pelotón, arrancada a jirones la piel. Jay Vine tuvo que abandonar debido al impacto. El mismo destino que Marc Soler o Santiago Buitrago. También Holter y Moschetti, víctimas de la caída. Los sonidos de la ambulancia se imponían en el Giro.

Adam Yates, el rostro ennegrecido, barro en la cara, un corte por detrás de la oreja izquierda, salió mal parado. Parecía salido de una trinchera de la guerra.

Adam Yates, tras la caída. Eurosport

Perdió más de 13 minutos en Veliko Tarnovo. Las imágenes, terribles, del golpe, colapsaron el Giro, barnizado por la tristeza y sumido en la melancolía.

Se neutralizó la carrera durante unos kilómetros a la espera de los caídos, que fueron demasiados. Se aceleró de nuevo la marcha para huir del miedo. Sobresalía la subida, escasa, pero con aristas de Lyaskovets Monastery Pass.

Vingegaard ataca

Vingegaard comprendió que esa subida era una buen lugar para mostrar su jerarquía. Avivó el ritmo hasta que prendió la hoguera con un ataque en dos actos.

Pellizzari y Van Eetvelt se cosieron al danés, que deseaba evitar riesgos. Abrieron un brecha de unos segundos. No les alcanzó para jugársela en el callejero de Veliko Tarnovo, capital del Segundo Imperio Búlgaro entre los siglos XII y XIV.

El grupo que esquivó la caída y se sobrepuso a los repechos, se colgó del trío a un palmo de meta. Compactados, acelerados por la adrenalina de haber resistido, con la mirada de las mil millas, se produjo la catarsis.

Histórico Silva

Una descarga de adrenalina. En el esprint, Thomas Silva encontró la gloria. Se impuso el sudamericano a Stork y Ciccone en un duelo apurado.

La victoria, por media rueda, concedió a Silva el honor y la gloria de vestir de rosa, perdido Magnier en las subidas precedentes al desenlace. El uruguayo entró en la historia. El pionero en ser líder del Giro y en ganar una etapa.

Silva, primer líder uruguayo en el Giro. Efe

Nada equiparable a las primeras veces, cuando las sensaciones son más puras. Más si cabe después de sobrevivir al caos. En escenario de locura, se dejó ver Vingegaard. Un aviso para el resto.

El danés, llamativo el casco rojo que le distingue, se rodeó de sus lictores, abrigados en el frente, nada que ver con la pose del día anterior, cuando el danés, hamacado por los suyos, se instaló, acomodado en la parte trasera del pelotón.

En busca de Veliko Tarnovo, ametrallados por la lluvia y el desconsuelo del apagón de luz, Mirko Maestri y Diego Pablo Sevilla, que repetía aventura vestido de azzurro, se consolaban mutuamente Finalizada su fuga, la lluvia presagiaba el peor escenario. Seguir en pie era una victoria. Cuestión de supervivencia.