El próximo 21 de julio se cumplirán 50 años de una decisión adoptada en el seno de las Juntas Generales de Álava que supuso un cambio fundamental en el corazón de la capital alavesa, la construcción de un conjunto monumental firmado por el artista Eduardo Chillida y el arquitecto Luis Peña Ganchegui. Antes, durante y después, el espacio no ha estado exento de polémicas, pero lo cierto es que es uno de los grandes ejemplos de la fructífera relación que mantuvieron ambos, un espacio muy vivido por la sociedad alavesa.

Fue el 11 de enero de 1974 cuando, tras las navidades, se cerró de manera definitiva la plaza de Abastos abierta allí el 31 de diciembre de 1899. En poco más de un mes se derribó un edificio singular, sin duda, puesto que era el único ejemplo que quedaba en Gasteiz del modernismo civil del XIX. De hecho, aquella decisión generó una gran controversia en la sociedad del momento. En una primera instancia, la idea del Ayuntamiento de Vitoria era generar aquí un espacio abierto y de uso público, más allá de que la circulación se mantenía por la zona. El proyecto, de Luis López de Sosoaga, Jesús Marcos e Ignacio Murua, planteaba generar un espacio verde con una gran fuente. 

Fecha significativa

Sin embargo, cuando se estaba en el proceso de llevar a cabo esta idea a la realidad, la Diputación Foral de Álava se cruzó en el camino. En realidad, la institución, el artista y el arquitecto ya habían mantenido encuentros previos sobre el conjunto monumental que se quería levantar en este emplazamiento. Pero fue el 21 de julio de 1976 cuando se sometió a votación en Juntas la propuesta de levantar un monumento conmemorativo de los Fueros. La fecha tenía su razón de ser.

Partido de pelota en la plaza de los Fueros Archivo DNA

Justo cien años antes, el 21 de julio de 1876, el gobierno de Cánovas del Castillo sacó adelante la llamada Ley abolitoria de los Fueros, que suponía, tras la Tercera Guerra Carlista, la supresión del régimen foral en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa para “reintegrar a las provincias vascas a la legalidad común”. Un siglo después, la intención de la Diputación, encabezada en ese momento por Cayetano Ezquerra, era, en ese día simbólico, aprobar la construcción diseñada por Chillida y Peña Ganchegui, que acudieron a las Juntas con una maqueta de su propuesta.

El 21 de julio de 1976 se sometió a votación en Juntas la propuesta de levantar un monumento conmemorativo de los Fueros

Por supuesto, la votación salió adelante como estaba previsto. El plan inicial era generar una plaza-monumento, que a su vez e debía completar con una obra arte colocada en un sitio singular del espacio para simbolizar los fueros vascos. Todo ello en una superficie de 8.000 metros cuadrados y con un presupuesto inicial de casi 44 millones y medio de pesetas, aunque esas cuentas se quedaron en nada con el coste final.

‘Homenaje a los Fueros’ de Eduardo Chillida. Josu Chavarri Erralde

La Diputación tenía todo ya tan atado que al día siguiente de la votación ya se empezó a difundir el proyecto entre la ciudadanía con un folleto explicativo y aquí vino otra polémica en la capital alavesa, entre quienes estaban a favor de la iniciativa y quienes la rechazaban de manera frontal. Tal fue el escenario que aunque los trabajos empezaron de manera oficial en octubre de 1977, se tuvieron que paralizar y no se retomaron hasta abril de 1978, con la creación de por medio de una comisión a favor de la propuesta que llegó a reunir 10.000 firmas de apoyo.

A lo largo de las décadas, diferentes polémicas han ido acompañando la vida de un espacio que en 2011 tuvo su última gran intervención

Con todo, y con la construcción ya en marcha, siguieron las protestas, se tuvo que modificar el proyecto y el presupuesto inicial se fue ampliando. Todo hasta que en 1981 se empezaron a hacer aperturas parciales del espacio. Pero fue ese año cuando se produjo uno de los momentos más complicados, con el accidente que sufrió un niño de cinco años, que cayó al foso.

Ya abierta

Este hecho marcó un antes y un después, más allá de que las obras terminasen de manera oficial en 1982. Tres años después se decidió tapar de manera parcial este foso, lo que ya llevó a Chillida a un límite que el artista no pudo resistir. De manera pública, y durante bastante tiempo, mostró su desapego con su gran obra monumental, un sentimiento que también Peña Ganchegui compartió. 

Concierto de ETS en la plaza de los Fueros Jorge Muñoz

Con todo, a finales de los años 80, junto con el artista y el arquitecto, se intentaron encontrar soluciones que permitiesen, por un lado, mantener la esencia de su idea y, por otro, dar una sensación de seguridad a la ciudadanía. No fue un camino sencillo. Se debatieron distintas posibilidades y todas ellas tuvieron contestación por unas partes o por otras. Es más, una parte de la ciudadanía, con la enésima recogida de firmas, llegó a reclamar la demolición de todo y la creación de un espacio ajardinado. Al final, en 1993, se optó por el recrecimiento final de los muros y la apertura de un balcón-mirador

Simulacro de los Bomberos de Vitoria en la plaza de los Fueros Archivo DNA

Parecía que aquí podían terminar los contenciosos con los autores, pero de eso nada, porque el Ayuntamiento de Vitoria, sin consultar, instaló una verja donde se encuentra la escultura, de nuevo aduciendo problemas de seguridad y limpieza. Ahí es justo cuando ya, en 1994, Chillida y Peña Ganchegui desistieron de seguir intentando llegar a soluciones consensuadas. No podían más.

Una nueva vida

Chillida falleció en 2002. Peña Ganchegui en 2009. Poco antes de la muerte del arquitecto, se retomó la idea de dar una solución definitiva a décadas de polémicas, una solución que tuvo como eje imprescindible el trabajo realizado por Enrike Ruiz de Gordoa. Junto con las familias del artista y del arquitecto se trabajó en un proyecto que cristalizó en 2011. “Por fin hoy, nuestros aitas, estén donde estén, descansarán y estarán felices porque la plaza ha recuperado su proyecto original”, apuntaron entonces Rocío Peña Ganchegui y Luis Chillida. En pocas palabras, en aquella actuación se elevó la cota del foso actual, se restauró la escultura Homenaje a los Fueros, y se aplicó un nuevo sistema de iluminación para favorecer también la seguridad.

Herri kirolak en la plaza de los Fueros Archivo DNA

Con todo, parece que la plaza –una obra de arte en sí misma y una creación arquitectónica y escultórica única– no puede escapar de la discrepancia. A finales del pasado mes de mayo, en el Ayuntamiento de Gasteiz se planteó una propuesta para realizar un estudio técnico de su estado con la mirada puesta en su 50 aniversario. Los cinco grupos municipales actuales votaron tres cosas diferentes.

Por el camino, el espacio ha sido escenario de una y mil vivencias, conciertos, herri kirolak, actuaciones teatrales, ferias, manifestaciones, partidos de pelota, actos electorales, presentaciones de equipos deportivos, concentraciones de vehículos... Y todo tras aquella votación del 21 de julio de 1976.